domingo, octubre 25, 2015

Tabaco Mariposa: 4 poemas de Elena Anníbali.


tabaco mariposa



aprendí a fumar con rubén 
enrrollando tabaco mariposa 
en papel de seda

lo hacíamos de noche
sentados en un escalón de la casilla 

mientras a nuestros pies
sus lánguidos perros soñaban
con la sangre dulce de las liebres 

en el monte cercano

a veces todo era oscuridad, salvo 
su cara 
iluminada brevemente por el fuego 
como un animal
por los relámpagos

el día que se fue del pueblo 
me dejó su radio
y los jabones partidos
que yo usaba pasándomelos 

despacio
por el cuerpo

con la última espuma disuelta en el agua 
se fue, también, la memoria
y el deseo de él
una cosa fragante

y sutil
como los eucaliptos 

cuando los moja la niebla 

- -

animalada


la zorra
la zorra plateada
la zorra plateada que trae en la boca un huevo 

y lo rompe
lo rasga
lo lame
la zorra plateada colilarga feroz
que brilla en la noche
como una luna bestial
la zorra que, saciada,
trota por el campo
la zorra que, saciada,
trota y ve al cordero
el cordero que tropieza con su vaho
el cordero blanco
como todos los corderos del rebaño
que bala
con sus tristes sonidos metafísicos
el cordero que ve a la zorra
que va a la zorra
y la acomete
la zorra que, plateada y todo,

se evade
el cordero que patea y muerde
que se traga a la loba
a la zorra
la zorra plateada con su olor a sangre 

el cordero saciado 


- -


palazzo sommerso


es tan hondo el aljibe
tan aliento de bestia su perfume violeta

todas sus niñas muertas son de cabello suelto 
todas sus tortugas de agua dulce
son pacíficas


de niños
en su agua verde
en su colchón de insectos y nervaduras 

íbamos a vernos los rostros

si lanzábamos una piedra
el círculo se abría
hacia un tiempo atroz donde no éramos 

más que el fragmento
más que la uva desprendida del tallo
la forma corrompida del racimo

todo era como jugar al sueño a la muerte
en un palazzo sommerso 

- -

obediencia


besame el corazón, pidió

entonces tomé un cuchillo
lo abrí desde la garganta
hasta el estómago
y rompiendo de a una sus costillas 

hurgué y hurgué con los dedos
su tórax, hasta encontrarlo

estaba aún tibio y era rojo, grande, 
hermoso como una fruta no imaginada

acerqué los labios para dar el beso más dulce de mi vida 
luego cerré sus ojos
y le dije al oído
que siempre haría lo que él quisiera 

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Tomados de: Anníbali, Elena, Tabaco Mariposa, caballo negro editora, 2009, Córdoba

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