jueves, marzo 15, 2012

Lecciones de teratofilia

El texto aparece en el número 147 de la revista Crítica de la B.U.A.P. (feb-mar 12)



Tarrab, Alejandro, Degenerativa, México: (Bonobos, 2009)


Resulta increíble confirmar que, aún hoy día, existe un flanco de la opinión —no crítica— en México, que considera que el poema debe ser un objeto prístino, claro y proveedor de certidumbre —cosa que nunca ha sido, por cierto—, y que debe decir “algo” —algo fácil, o etéreo— al lector. Tal anemia estética proviene de plantear la poesía y su devenir como un fenómeno cerrado sobre sí mismo, sin conexiones con otros ámbitos intelectuales; la idea que surge de tal planteamiento es la de la poesía como un ejercicio reaccionario, obsoleto, anodino, desconocedor de los panoramas actuales del pensamiento y poco atento a otras disciplinas artísticas.

Una posibilidad es acudir a uno de los pensadores más importantes para entender el devenir estético del siglo XX, Walter Benjamin. El ensayo «La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica» da cuenta de su lucidez. En él, Benjamin plantea un asunto que cobra aún —y quizá más ahora— vigencia: la relación entre la obra creada y la técnica, entendida ésta como el conjunto de dispositivos en los cuales se apoya el artista para producirla y reproducirla. Cuando la obra de arte se proyecta por completo desde la técnica y desvanece de ella la acción humana, cunde lo que Benjamin distingue como pérdida de aura. En estos tiempos el aura se fractura, es decir, se pierde el complejo equilibrio que establecía la obra entre el valor cultual —su secreto o, en otras palabras, lo sagrado— y el valor exhibitivo —su disponibilidad ante los otros, su profandad. En el horizonte de Benjamin es ejemplar el caso del cine y cómo en éste se efectúa la dilución del aura.

Cito a Benjamin y su esclarecedor ensayo pues ambos constituyen una de las claves de Degenerativa, el libro más reciente de Alejandro Tarrab. La obra lírica reciente de Tarrab —en la que se debe inculir también al previo Litane—, se caracteriza por plantear una escritura difícil: tal complejidad nunca es gratuita, pues atiende y refleja un imaginario en rizoma con discursos filosóficos, históricos, poéticos, que logra engarzarse en uno de los desarrollos formales más peculiares de la poesía mexicana contemporánea.

En «La obra de arte...» Benjamin alude la reproductibilidad técnica de la escritura y ubica tal cisura en la aparición de la imprenta; sin embargo pareciera que había mucho más por problematizar en las relaciones entre escritura y reproductibilidad. Degenerativa especula a través del ejercicio poético con estas posibilidades. Así como una ciudad se funda con diversos estratos y estructuras técnicas y humanas, Degenerativa se ofrece como una urbe que hay que recorrer no ya como un flâneur, sino como un homeless que al mirar disloca y tergiversa multiplicidades discursivas: míticas, intelectuales, técnicas. Los apartados del libro proyectan opciones degenerativas de la práctica poética; así, en «Primeras variaciones» se intervienen fragmentos de otros autores, obturados con versos propios o ajenos hasta volverlos un objeto diferente y extraño. La primera variación es sobre un pasaje de Benjamin, y el vínculo que guarda la gris apariencia del que duerme con la colorida textura de los sueños. Cada texto degenerado es una zona donde no se distinguen vigilia, autoría, intervención, deformación.

Estas construcciones poéticas aspiran a fundar o a socavar arquitecturas —espacios poéticos—, y por ello aparecen también imágenes y directivas de Mies van der Rohe, Le Corbusier o Calatrava. En el apartado «Fracciones» —uno de los más sólidos— la degeneración cunde sobre las posibilidades arquitectónicas pero también divinas: Ganesh se transforma en una mujer elefante. La deformación y la perturbación son el móvil de una propuesta poética que se asume, de la mejor manera, como teratocéfala, como lo revela un fragmento del poema Perturbación rítmica en la condición de los arpegios: «En la página 71, ¿lo recuerdas? Varela y Maturana apuntan: las máquinas autopoéticas pueden ser perturbadas por hechos externos y experimentar cambios internos que compensan esas perturbaciones. Ergo, el contrahecho compensa el exterior monstruoso. ¿Es la arritmia en sí un corte perverso? ¿un arresto fuera de su curso? Una línea de este paso de cebra, apunto, se desata sutil o aceleradamente».

Pensando el poema tal una máquina autopoética, se le acerca de manera íntima a la reproductibilidad técnica: al igual que las ciudades o los seres vivos, los poemas son perturbados, pero se autorregulan y torsionan para efectuar un equilibrio con estos agentes deformantes. Poética de los muñones. Escritura que deforma la escritura, que muta sobre ella. En la tercera sección, «Pasajes», que es también la más extensa, cada texto emula ser una vialidad citadina: no se puede dar el nombre de estos reductos, pues pronto son desorbitados: «se esperaría, por ejemplo, una segmentación lógica y armoniosa: cada cruce, cada esquina identificada por su elemento general, gobernador o país. [...] Corta entonces, tuerce con las manos un cruce, una cruz de tintes muy oscuros. Vuela una vía, infecta y reproduce, de acuerdo con sus intereses o instintos un mapa de su propio pensamiento». Los pasajes son así retazos de poemas, retazos de voces, prolongaciones de una memoria o de un olvido. Prótesis arquitectónicas o musicales de resquicios soñados. Fragmentos de una espera con una línea de cebra ante los pies, y un semáforo peatonal que corre como la tortuga de Zenón. Cunde el extrañamiento en este mapa sonoro, el sonido encuentra al sonido, los ecos rebotan el sonido, se infectan, ¿quién dice?, duro esperarlo al menos: «¿Se llega a una conciencia de ser yo?, ¿hay eso de? / Es difícil decirlo. Una historia que es un disparo, un encadenamiento que nos marca y después eso: pedacería, pesadillas, fragmentos que se repiten». La sección «Pasajes» afirma el nomadismo de una escritura que no tiene miedo en despersonalizarse y plantear al hablante lírico como algo no asumido, es decir citadino, contingente, infeccioso. Las huellas no son las de una grey, sino las de una manada sin rutas definidas y azarosas.

Esta condición es un asunto que obsesiona a la poética de Tarrab. En ella se piensa el nomadismo de manera expuesta y se asume la errancia al pensar la judeidad de la escritura. Al igual que en Litane, las voces líricas que aquí concurren toman en momentos el tono de oraciones quebradas, oscuras, escépticas. Sin ser mentada, la palabra de Paul Celan es otra que se lleva a la anamorfosis; pero también están Raúl Zurita o Primo Levi. La mayoría de los poemas se articulan en prosa, algunos de ellos aparecen segmentados en verso. El ritmo nunca es cómodo ni fácil, hay una radicalidad sonora que enturbia el espectro estético del poema. Arrastra la lectura, la vuelve rugosa.

Las últimas secciones «Meditaciones sobre el cuerpo de la obra» y «Degenerativa» profundizan la propuesta que paulatinamente se ha tergiversado en el volumen: los poemas abren su flanco para la analogía con la corporalidad. Se interviene un poema de Tablada que ya toma dos dimensiones. Aparece Stanislavski y la posibilidad de apropiarse, desde el cuerpo, de un gesto más profundo: de un gemido aullante, de una pre-voz. La trepanación del poema desde el poema abre la posibilidad de su suicidio o destrucción. El delirio es estratagema y al mismo tiempo, negación de la estratagema. En «Fracciones» se asentaba: «Cementerio de lámparas y tambores: los elefantes cederán sus osamentas. Puedo copiar y de hecho copio una adaptación del acecho, una geometría ya sin aura. En un afán de reproductibilidad, de sentir el aura yo mismo al entonar las máquinas». En «Meditaciones» se interviene el cuerpo del texto y el cuerpo de las voces. Juana de Arco en el quirófano, procedimiento similar al que ocurre en «Travestidas» de Litane. Surge la destrucción como horizonte, se deforman fragmentos de Perec (arquitectura colosal) y de William Carlos Williams (arquitectura épico-minimal). Poética que asume la deformación de las vanguardias, que las piensa al criticar y adulterarlas, y desea llevarlas hasta sus últimas (con)secuencias: «Será mejor no decir, / no decir será como un mugido, /un graznido desde la parte honda:/ una explosión en la caja del pensamiento»

Sería iluso creer que se logra una redención tras derruir. Ni el desmontaje ni la destrucción pueden algo. La sección «Degenerativa» brinda otra de las claves que dan una idea de lo complejo que puede llegar a ser el poema autopoiético, es indestructible, incluso desde la iteración: «un sistema no puede (auto)destruirse utilizando los recursos de sus propio sistema: palabra contra palabra[...] No sólo la palabra desarticulada, desvinculada atrozmente, des dei, des dad. / Siempre habrá algo fuera del alcance». Verso extraño este último, más en un volumen que súperexpone la condición de la escritura. ¿Qué es ese algo? No puede ser un artilugio metafísico. ¿Se vincula con áquel valor cultual que plantéabamos con Benjamin al inicio? Puede ser la condición de la palabra, que aún automatizada, intervenida o deforme, al mostrarse siempre se recoge. Es el mostrar recogiéndose de la palabra: su latencia en su ilatencia. De ahí lo difícil de plantear la pérdida de aura en la escritura. O bien, quizá ese algo indisponible sea la noción de destino: sin deidad y sin palabra que legitime deidades o desdeidades. Degenerativa, ciudad con cimientos que pugnan demolerse hacia el centro de la Tierra. Que saben que no pueden crecer, pues el progreso es uno más de los artificios, quizá el mayúsculo. No hay asunción de un destino en la palabra, ni siquiera en la espera; la proyección judía está quebrada o, más bien dicho, reorganizada no ya en lo que aguarda, si no en una propuesta fragmentaria del instante. Es quizá la deformación del ángel de la historia que aparece de las Tesis de Walter Benjamin: un ángel que ya no puede remontarse tampoco al futuro, un momento del habla poética desde la fractura del aura. El lenguaje desarticulado, complejo, de Tarrab, apunta hacia nuevas e intrincadas configuraciones estéticas, formas actuales de asumir la relación del poema con lo que presenta —o ausenta. Degenerativa afirma que la poesía debe ser un ejercicio de riesgo y exposición al filo duro de lo humano, es decir a lo explosivo del pensamiento.

lunes, enero 02, 2012

In memoriam Félix Dauajare (1919 - 2011)

El día 31 de diciembre de 2011, a los 92 años, falleció el poeta Félix Dauajare, autor de una de las obras imprescindibles—quizá la más importante, si no consideramos los Poemas Rústicos de Othón publicados en 1902— de la poesía potosina de todo el siglo XX. Poeta pensante y reflexivo, fino sonetista en sus primeros libros, su voz lírica sufrió una amplia metamorfosis con el paso del tiempo, que purgó de su obra todo artificio retórico y decantó en una voz concisa, reflexiva, escéptica de todo aquello que no fuera la precisa revelación de la palabra. Habitan en la poesía de Dauajare ecos extendidos de Rilke, pero también de los italianos Saba, Ungaretti, Montale. Nunca dejó de leer con atención a sus amigos Chumacero y Elizalde, ni tampoco a filósofos como Platón, Nietzsche, Husserl o Heidegger. Quizá sus obras más importantes sean los dos libros Contraataque (1979) y Sobreasalto (1983), en los que Félix se despoja de toda consideración conservadora de la poesía, y propone un decir encendido, lúcido y combativo al mismo tiempo, pero atento a los riesgos formales que mostraba la poesía más reciente. Estos poemas que transcribo, sin embargo, pertenecen a su último libro publicado Cuadernos de memoria y ceniza (2000). En este libro final, Dauajare condensa aún más su voz en poemas breves, que acusan una serenidad escéptica ante la muerte, mientras avivan por otro lado los fuelles de la memoria. Poesía de conciencia ante la finitud, pero también de conciencia ante los vastos llanos de infinitud del lenguaje. Poesía que considera que la fe en el hombre es un témpano que se deshiela en los mares irregulares, ignotos, de la realidad. Quedan aquí como constancia de su factura lírica, como un ligero homenaje a ese querido maestro, y como una invitación a su lectura atenta y detallada.


PARADOJAS


Uno entiende la nada
cuando se está muriendo.

Escuchamos la poesía
cuando todo se ha silenciado.

El futuro es aquel pasado
que pretendemos corregir.

El mejor combustible para el amor
es una pérdida.

La ausencia es la tierra nutricia
del encuentro.
Sin ella no existen el deseo
ni la imaginación.

La poesía de ahora sustituye
el deseo por lo real.

¿Qué se ha ganado?



TAREA CONSUMADA



Ya sentí la atracción desesperada y dulce,
los recuerdos como árboles crecidos
en una tierra y un aire
que tienen muchos rostros
y a la vez uno solo.
Rescaté algún espacio que guarda
la extensión de los cuerpos
y nos obliga a ir más allá
de esto que nos invade y nos ahoga.

Me falta solamente asentar
una palabra inexpresable.


LOS RESTOS PERMANENTES


En ese interminable deshielo
de las horas donde se pierden rostros
y memorias encendidas,
sólo quedan los témpanos de la memoria.

Es lo único propio,
lo demás es humo,
polvo que se levanta
y retorna a la tierra.

Platón decía que el saber
es recuerdo.


AVE MIGRATORIA


La migración es el recurso del alma.
El deseo la remolca
por caminos de piedra y lodazales.

No sabe que buscar otras lunas
impone nuevos infortunios.

miércoles, noviembre 23, 2011

Disenso de Eduardo Milán

El texto aparece en el número 146 de la revista Crítica de la B.U.A.P. (nov 11-ene 12)

LA DICHA DE LO DICHO

Milán, Eduardo, Disenso, México: Fondo de Cultura Económica, 2010

Si hay un término que pueda asir, en cierta entraña, las destinaciones poéticas de Eduardo Milán, tal es el de hiperconciencia: un extremo estado de alerta ante la diversidad de pulsos vitales —mortales— e intelectuales que permean la escritura y que a su vez, permanecen y perseveran en el acto escritural. La hiperconciencia, equidistante y reguladora del decir poético, vuelve a éste un ejercicio de extrema dificultad. Ya lo asentaba el propio Milán en un poema anterior: «decir Ahí es una flor difícil».

La poesía de Milán está atravesada en su médula por una carga poderosa —y pesada— de sucesos históricos que dibujan la segunda mitad del siglo veinte en Latinoamérica: la imposibilidad de justicia ante un devenir convulso, confuso, agujerado culturalmente por fuerzas de variado linaje —occidental—, mismas que activaron la injusticia y los regímenes tiránicos en estas latitudes; en contraparte, los movimientos políticos e intelectuales que, encauzados bajo el signo de la ideología de izquierda, opusieron resistencia insuficiente ante un cauce inmenso de circunstancias que, para nuestra actualidad, se ha convertido en un estanque, revuelto y sin ganancia para pescadores y que además, huele mal, huele a mal. Hueco en el tracto social que ha dinamizado el exilio y la migración, como condiciones de reacomodo del individuo y de su comunidad ante tales tensiones. El exilio y su variante — sólo en apariencia— voluntaria, el flujo migrante, configuran ya en su movimiento una nueva perspectiva, un giro sensible y doloroso ante el registro de una verdad histórica que resulta insuficiente en su fragilidad como designio impuesto. La búsqueda de otra verdad —de existir, más verdadera— se vuelve eje y motor ético de la estética, se ofrece a la metamorfosis mediante la escritura; el poema se propone así como una serie de variables que, en su decir, pretenden atrapar un instante y en el instante, la tan ansiada redención de lo humano. De esta manera podemos encontrar, en el cuerpo de la práctica artística, una propuesta que respondería a uno de los postulados propuestos por Walter Benjamin en sus Tesis: hacer de cada instante el instante que redime, en su acontecer, a cada uno de los instantes que lo han precedido. ¿Existe tal sanación, salvación posible?

A esta condición latinoamericana —aquí someramente expuesta—, a tal complejidad ya trasladada a la poética, no es falso ubicarla en relación con los movimientos de vanguardia. Hay nexos, hay territorialización: las vanguardias se desplazaron a nuestro continente para establecer un diálogo mutante con los mutantes problemas de estas sociedades. Si hay algo que se ofrezca en el núcleo de la vanguardia es, por supuesto, un núcleo de conflicto: una incomodidad ante un estado de cosas, ante una ilusión forjada y opresora de la realidad. A esa «realidad» dibujada desde el estrato del poder, se opuso otra diferente, que apostaba llevar en su ADN la energía para conciliar a la comunidad con otra «realidad» recreada desde las prácticas artísticas. Para la segunda parte del siglo, la transmutación latinoamericana del espíritu de vanguardia se consolidó como un reflejo de sus sociedades: poesía móvil, poesía viva e inoculada de rabia, de error, con brillo que bruñían los dientes, apretados por la impotencia ante su dolor que era en origen otro. Una poesía que o bien decidía abstraerse y concretizar su espíritu; o bien, optaba por complejizarse entre los poros del significante, enredarse en volutas, explotar los signos para diversificarlos —en dispersión concentrada— por frondas y registros barrosos. Lo que aún hace 30 años se ofrecía corpóreo y explícito en alguna de la mejor poesía latinoamericana, ese ethos que cabalgaba sobre los versos como portador de un optimismo contestatario ha devenido, en los mejores casos, en un gesto íntimo y profundo de lenguaje que, no infiel a la voluntad de justicia, intuye que la crisis ideológica trae consigo una distorsión de cualquier futuro posible, donde toda verdad estará legitimada por mecanismos imprecisos y despojados de cualquier certidumbre en el terreno metafísico. Con el pasado entonces derruido como armazón histórica y política, llevado a una nueva búsqueda de redención particular de todos sus instantes en la reminiscencia —poética— y sin la imagen del futuro, la poesía tiene como encrucijada el reconcentrar sus recorridos, el hurgar y desplazarse aún en pos del instante: «La energía de coger a los poemas / los cuerpos amados no amados al poema / los compañeros del instante prófugo / wanted el instante».

*

Lo anterior nos permite dar coordenadas a Disenso. Disenso es un complejo y amplio organismo poético en el que aparecen, de manera oscilante y en liberación prolongada, muchas de las preocupaciones que dan forma a una voz escritural que a su vez, se deforma más allá del egoísmo y se ofrece como nobles e impuros registros de lenguaje poético. Disenso se conforma de siete apartados, cada uno de ellos es un dispositivo dedicado a un amigo, a un dialogante que recibe la botella entre la espuma de un mar no cartografiado. Cuatro de estos destinatarios, además, ofrecen en las páginas finales del volumen un breve apéndice crítico, en donde se resaltan puntos imprescindibles de la poesía milanista. Tales trazas aparecen iluminadas bajo una luz diferente en cada uno de los apartados. Así en el primero de ellos, que lleva como nombre «Hechos polvo», se percibe un ánimo de fracaso, sensación de ruina ante algo no alcanzado; tal fracaso exige un cambio, un primer disentir, de las convenciones poéticas, la imagen del jilguero se transforma en la imagen del migrante: «Se sabe desaparecer en poema / quedarse en poema / latiendo —un jilguero / es preciso algo más actual: migrante / latente en el poema, huérfano plegado sobre sí / huérfano barroco [...] hay que pasar a la tematización / no queda más que tema ya para el poema: / a los caídos en defensa del poema»

Como apunta Antonio Ochoa en el apéndice, «el lenguaje de Milán es una búsqueda por aproximación». La imagen surgida de la vista aérea se actualiza en la de un migrante: un alguien que recorre y palpa las sinuosidades que depara un territorio de experiencia. La pérdida de legitimidad de las convenciones retóricas, abre espacio a una nueva corriente de aire que eleva al verso de Milán: en Disenso no es sólo el lenguaje el que aparece como principal protagonista del poema: el tema, el verso que indica en lugar de aliterarse, aparece y alterna con otros densos registros verbales. La palabra y su posibilidad de ser poesía dejan de ser el eje rector del conjunto, para entretejerse en una red de líneas fronterizas, que delinean zonas y sentidos de preocupación. En una de ellas —sobre todo en la sección «El uso»— se cuestiona si el lenguaje sigue vigente como correlato certero de la realidad, si aún existe la posibilidad de asir la verdad por la vía de la palabra; en otra zona, la pregunta dirige su fuerza hacia la validez de los estratos ideológicos, si es posible creer en la izquierda como un frente común a la injusticia; en otra, la inquietud abona tal insuficiencia de recursos —lingüísticos, filosóficos, ideológicos— a la pregunta por la estética: ¿cómo hacer para decir lo que se palpa en la experiencia latinoamericana? Disenso plantea la apertura de un no-lugar, una especie de exilio del habla: el poema ya no dice la realidad, por más que quisiera enunciarla, ni siquiera por la vía de la metáfora: el poema ya no mira, ni vuela, más bien palpa y con el resto de la percepción, hace una topografía de lo vivido. Escapando a la significación inmediata de las construcciones verbales, permanecen el ritmo vibrante como costura de las palabras, la fricción auditiva y negadora de la sintaxis. El sentido deja de ser prioritario y se abre a los sentidos, al crujir a galope de una presencia que apenas es palpada, vuelve a esfumarse o, como lo apunta Edgardo Dobry «un dejarse hablar por el discurso resistiendo la tentación de desviarlo hacia su nombre». La redención sólo se logra en el instante del olvido del instante, en el instante del olvido del decir del habla. El Exilio de la lengua es el disentir completo. En este no-lugar Milán trabaja, en palabras del mismo Dobry, «en una zona casi irrespirable, algo que está antes o después del verso dado o descubierto», en «una estela del goce en una zona desmagnetizada de hallazgos vanidosos, con todo el sufrimiento que conlleva».

*

Disenso se resuelve en un gesto profundo: la palabra ya no es la portadora de la verdad, ni la que la oculta: en todo caso la verdad es el lenguaje mismo, el poético, donde importa tanto la estela como lo dicho; si seguimos a Giorgio Agamben, la apertura —ilatencia— del lenguaje es su clausura misma —su latencia—, paradoja fundamental que acontece en la poesía de nuestro autor. En este disentir hiperconciente, el volumen se abre a la experiencia lectora no exento de dificultad. Pues el trabajo del poema en Milán consiste en alumbrar el conflicto de lo humano, y no engañarse con facilismos solipsistas o bellísimos retoques retóricos. Tanto su poesía, como también su trabajo crítico, se sostienen como una zona de influencia —crítica, polémica— muy amplia dentro del ámbito de la poesía mexicana. El exilio del habla, zona medular de Disenso, plantea una comunidad de evidencias, a saber, el poema como nicho del conflicto y la afirmación de una certeza: en el sinuoso cruce de la dificultad se abre la dicha de lo dicho.

lunes, noviembre 07, 2011

Dos poemas de Hugo Ball


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Der Henkerffffffffff
fffffff
Ich kugle Dich auf Deiner roten Decke.
Ich bin am Werk: blank wie ein Metzgermeister.
Tische und Bänke stehen wie blitzende Messer
der Syphiliszwerg stochert in Töpfen voll Gallert und Kleister.
ffff
Dein Leib ist gekrümmt und blendend und glänzt wie der gelbe Mond
deine Augen sind kleine lüsterne Monde
dein Mund ist geborsten in Wollust und in der Jüdinnen Not
deine Hand eine Schnecke, die in den blutroten Gärten voll Weintrauben und Rosen wohnte.
ffff
Hilf, heilige Maria! Dir sprang die Frucht aus dem Leibe
sei gebenedeit! Mir rinnt geiler Brand an den Beinen herunter.
Mein Haar ein Sturm, mein Gehirn ein Zunder
meine Finger zehn gierige Zimmermannsnägel
die schlage ich in der Christenheit Götzenplunder.
ffff
Als dein Wehgeschrei dir die Zähne aus den Kiefern sprengte
da brach auch ein Goldprasseln durch die Himmelssparren nieder.
Eine gigantische Hostie gerann und blieb zwischen Rosabergen stehen
ein Hallelujah gurgelte durch Apostel- und Hirtenglieder.
ffff
Da tanzten nackichte Männer und Huren in verrückter Ekstase
Heiden, Türken, Kaffern und Muhammedaner zumal
Da stoben die Engel den Erdkreis hinunter
Und brachten auf feurigem Teller die Finsternis und die Qual.
Da war keine Mutterknospe, kein Auge mehr blutunterlaufen und ohne Hoffen
Jede Seele stand für die Kindheit und für das Wunder offen.
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Erstdruck in: Revolution (München), 1. Jg., Nr. 1, Oktober 1913.
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El verdugo*

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Te pongo a rodar sobre tus rojos manteles.
Pongo manos a la obra: radiante como un maestro carnicero.
Los bancos y las mesas como cuchillos relampagueantes
el enano de la sífilis husmea en los sartenes llenos de cola y jalea.
ffff
Tu cuerpo es retorcido esplendoroso y brilla como la luna amarilla
tus ojos son pequeñas lunas lascivas
tu boca revienta voluptuosa en la miseria de las judías
tus manos una caracola, que vive en los jardines rojo sangre llenos de uvas y rosas
ffff
¡Ayuda, Santa María! ¡Brotaron de tu cuerpo los frutos
oh santísima! Me escurre fuego ardiente por las piernas.
Mi pelo una tormenta, mi cerebro la yesca
mis dedos diez ávidos clavos de carpintero
que clavo en los fetiches de la cristiandad.
ffff
Cuando tu grito de dolor dinamitó fuera del pino tus dientes
bajó un bullicio de oro por entre las vigas del cielo.
Una hostia gigante huía y se detuvo entre montañas de rosas
borboteaba un aleluya entre los miembros de apóstoles y pastores.
ffff
Entonces danzaban hombres y rameras desnudos en éxtasis desquiciado
paganos, turcos, cafres y moros sobretodo
se disiparon los ángeles del círculo terrestre
y llevaron oscuridad y suplicio en un platón centelleante
No había ningún capullo materno, ningún ojo inyectado de sangre y sin esperanza
cada alma se abría a la infancia y al milagro.
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Primera aparición en: revista Revolution (München), Año 1, Nr. 1, Octubre de 1913.
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Die Sonne
ffff
ffff
Zwischen meinen Augenlidern fährt ein Kinderwagen.
Zwischen meinen Augenlidern geht ein Mann mit einem Pudel.
Eine Baumgruppe wird zum Schlangenbündel und zischt in den Himmel.
Ein Stein hält eine Rede. Bäume in Grünbrand. Fliehende Inseln.
Schwanken und Muschelgeklingel und Fischkopf wie auf dem Meeresboden.
ffff
Meine Beine strecken sich aus bis zum Horizont. Eine Hofkutsche knackt
Drüber weg. Meine Stiefel ragen am Horizont empor wie die Türme einer
Versinkenden Stadt. Ich bin der Riese Goliath. Ich verdaue Ziegenkäse.
Ich bin ein Mammuthkälbchen. Grüne Grasigel schnüffeln an mir.
Gras spannt grüne Säbel und Brücken und Regenbögen über meinen Bauch.
ffff
Meine Ohren sind rosa Riesenmuscheln, ganz offen. Mein Körper schwillt an
Von Geräuschen, die sich gefangen haben darin.
Ich höre das Meckern
Des großen Pan. Ich höre die zinnoberrote Musik der Sonne. Sie steht
Links oben. Zinnoberrot sprühen die Fetzen hinaus in die Weltnacht.
Wenn sie herunterfällt, zerquetscht sie die Stadt und die Kirchtürme
Und alle Vorgärten voll Krokus und Hyazinthen, und wird einen Schall geben
Wie Blech von Kindertrompeten.
ffff
Aber es ist in der Luft ein Gegeneinanderwehen von Purpur und Eigelb
Und Flaschengrün: Schaukeln, die eine orangene Faust festhält an langen Fäden,
Und ist ein Singen von Vogelhälsen, die über die Zweige hüpfen.
Ein sehr zartes Gestänge von Kinderfahnen.
ffff
Morgen wird man die Sonne auf einen großrädrigen Wagen laden
Und in die Kunsthandlung Caspari fahren. Ein viehköpfiger Neger
Mit wulstigein Nacken, Blähnase und breitem Schritt wird fünfzig weiß-
Juckende Esel halten, die vor den Wagen gespannt sind beim Pyramidenbau.
Eine Menge blutbunten Volks wird sich stauen:
Kindsbetterinnen und Ammen,
Kranke im Fahrstuhl, ein stelzender Kranich, zwei Veitstänzerinnen.
Ein Herr mit einer Ripsschleifenkrawatte und ein rotduftender Schutzmann.
ffff
Ich kann mich nicht halten: Ich bin voller Seligkeit. Die Fensterkreuze
Zerplatzen. Ein Kinderfräulein hängt bis zum Nabel aus einem Fenster heraus.
Ich kann mir nicht helfen: Die Dome zerplatzen mit Orgelfugen. Ich will
Eine neue Sonne schaffen. Ich will zwei gegeneinanderschlagen
Wie Zymbeln, und meiner Dame die Hand hinreichen. Wir werden entschweben
In einer violetten Sänfte über die Dächer euerer
Hellgelben Stadt wie Lampenschirme aus Seidenpapier im Zugwind.
ffff
ffff
Erstdruck in: Die Aktion (Berlin) 4. Jg., Nr. 22, Mai 1914ffff
****ffff
El sol
ffff
ffff
Entre mis párpados avanza un carrito de niño.
Entre mis párpados va un hombre con un caniche.
Un grupo de árboles se torna un fajo de serpientes y silba por el cielo.
Una piedra sostiene una charla. Árboles en fuego verde. Islas flotantes.
Temblor y tintineo de conchas y cabeza de pescado como en el fondo del mar.
ffff
Mis piernas se extienden hasta el horizonte. Cruje una carroza
Muy a lo lejos. Mis botas sobresalen por encima el horizonte como torres
De una ciudad que se hunde. Soy el gigante Goliat. Queso de cabra digiero.
Soy un ternerito de mamut. Me olfatean los verdes erizos de pasto.
La hierba tiende sables y puentes y arcoiris verdes sobre mi barriga.
ffff
Mis orejas son conchas gigantes rosadas, bien abiertas. Mi cuerpo se hincha
Con los ruidos que quedaron presos adentro.
Escucho los balidos
Del inmenso Pan. Escucho la música bermeja del sol. Él permanece arriba
A la izquierda. Bermellón caen sus rasgones hacia la noche del mundo.
Cuando desciende aplasta la ciudad y las torres de la iglesia
Y todos los jardines colmados de crocus y jacintos, y habrá un sonido semejante
a las tonterías que disparan las trompetas de niños.
ffff
Pero hay en el aire un ventarrón de púrpura, yema de amarillo
y verde botella. Bamboleos, que un puño naranja aferra en largos hilos,
y un cantar de cuellos de ave que retozan por las ramas.
Un andamiaje muy tierno de banderas infantiles.
ffff
Mañana el sol será cargado en un vehículo de ruedas enormes
Y conducido a la galería de arte Caspari. Un negro cabeza de toro
Con la nuca abultada, nariz chata y paso amplio, llevará cincuenta
Asnos blancos y chispeantes, que tiran del carro en la construcción de las pirámides.
Se agolparán muchos países de colores sanguíneos.
Nanas y nodrizas,
Enfermos en ascensores, una grulla con zancos, dos bailarinas de San Vito.
Un señor con corbata de moño de seda y un guardia de rojos olores.
ffff
No puedo sostenerme: estoy lleno de dicha. Los marcos de las ventanas
Revientan. Cuelga una niñera de una ventana hasta el ombligo.
No puedo ayudarme: los domos se revientan con fugas de los órganos. Quiero
crear un nuevo sol. Quiero chocar los dos uno con otro
cual cimbales y alcanzarle la mano a mi dama. Nos esfumaremos
en una litera violeta sobre los techos de nuestra ciudad solamarilla
cual pantallas de papel de seda en la ventisca.
ffff
Primera aparición: revista Die Aktion (Berlin), Año 4, Nr. 22, Mai 1914
ffff
ffff
*Versiones de Daniel Bencomo. Los originales se tomaron de la web Zeno.org

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