miércoles, noviembre 12, 2008

Un poema Lipista


ANTE EL DESPACHO IMPERIAL

Los funcionarios desatan mi enojo.
Entre ires y retornos,
papiro so papiro mundo entintan.
Acumulan registros,
toman nota de la muerte.
Un examen riguroso aplicaron,
y ya están en barbas del que manda.

Ni un millón de signos iguala el don
del vino, la fuerza de agua y viento.
El emperador olvida en su poder
el efecto curativo del laúd.

Sobrinos de Confucio,
la vida es como una onda en el agua.
Se diluye en el tiempo,
no se aprehende en el tiempo,
como el relincho del corcel de aquel hombre.

lunes, noviembre 10, 2008

De Maitines a Vísperas.



Un comentario de Antonio Reyes Cortés sobre el libro "De maitines a vísperas" puede encontrarse en la siguiente dirección:




viernes, noviembre 07, 2008

EL DISPARO


EL DISPARO


A David Huerta




Evito leer en tus palabras el hueco de un más.
Me cuesta, como sufre el leproso el blanco resplandor de sus manos.
Oscilo entre el poema y la carne débil de la iglesia, ambos frente a casa.

Hay un mar que se tiende desde ahí, pan para el hambriento. El cuerpo del agua muere donde los pájaros callan, ceden el lugar de su hambre para el hambre de otro dios.

Escribo al margen de tus letras.
Simplifico la versión de un cazador en furia, que ha estallado su arco.
Él busca en ti, se agita desde el pómulo mineral de mi rostro. Dispara.

Los viandantes, (ruido de la espuma chocando contra el cerro), descansan como un animal herido, que espera el sueño del alivio para ser vulnerable.

Dejaremos como ofrenda el disparo, quemándose al aceite de su eco.
El arma está bajo cualquier árbol, y los jóvenes que pasean de noche, la usarán mejor como un arpa.

lunes, octubre 27, 2008

De Proceso o de las tardes caídas bajo los garfios ardientes del otoño

El día de hoy apareció publicado en el prestigioso semanario Proceso un artículo de investigación periodística de mi carnal Jesús Navarrete Lezama. Versa sobre los manejos oscuros y el apoyo sin mesura del gobierno estatal potosino al equipo de fútbol Gladiadores de San Luis. Siempre es motivo de jolgorio cuando los cuates publican algo, y, aunque en este caso se trata de su labor reporteril, que complementa muy bien su desarrollo narrativo en ascenso, no me queda más que felicitar enormemente al queridísimo Chuy. Por ello les comparto un poema dedicado a él, Vespertinos para chuy, y que está incluido en De maitines a vísperas.


Para introducir una coincidencia hermosa, hace algunos días releía al enorme poeta andaluz Pedro Garfias (al que sí, le debo unas palabras más precisas y generosas) y encontré un potente verso suyo, del poema Angelus:


La tarde se desangra como un gladiador.


Garfias, que antes de encontrar nicho para su exilio en Monterrey, dispersó versos de hierro dulce por las polvorientas cantinas de aquel San Luis.



VESPERTINOS PARA CHUY


I (Soneto roto)

¿Recuerdas cuando se perdió la bacha?
Ardía en la piedra, en la coraza
del silencio allá arriba, nuestra hacha
para ver al cerro en plena brasa;

un rojo de sol trenzado en la muchacha
nos unía, medusas de la mar en Gaza,
(desierto similar), con pupila gacha
mas abierta, para ver del día la masa

y el yo de la ciudad, del horizonte
espina y astro, como un arco de plomo:
nos abre en la garganta un brillo, cromo

de nacer en la palabra duda. Y volver cansados.


II
With the birds I share this lonely view…
Red Hot Chilli Peppers



Recuerda el patio en su matriz de luz,
la sombra que corona el pecho del guayabo.
La trayectoria del olor frutal
es helicoide. Ahí se abre el deseo a los animales fantásticos:
los que usan la saliva como antorcha,
y oscurecen el rincón más claro de sus cuerpos.
Con ellos compartimos el aroma, el lengüetazo bífido del sol.
A lo lejos, muy arriba, un disparo de aves migratorias.
Su formación revuelve las frecuencias del corazón.
Viajan hacia el sur, para inflamarse el vuelo
con el polen del otoño.
No se distingue si son grullas, cigüeñas o
imaginación del viento en tornasol.





sábado, octubre 18, 2008

ANDANZAS

Ayer viajé de regreso de San Luis Potosí a Zacatecas. La tarde caía, la carretera no portaba amenazas, pero era verde en sus costados. El semi desierto cantaba y hacía eco en las nubes de tintura indefinible. Viajábamos y el poema caía en su fondo de piedra.


Foto: Chino



ANDANZAS


Sobre las nubes cae la luz, como una improbable jaula que las ciudades desconocen.
En el camino, en la velocidad del viento, mohoso andar del ave,
todo viaje es un rodeo por la locura.
Al viajar se extingue la región de certezas, y brotan milagros sobre su cadáver.
Manar de rocas: el silencio es más grande para quien hurga en su ofertorio animal,
y extrae una proeza, un paso de garra, un equilibrio.

Hay pueblos que se dejan atrás a golpe de neumático. Las miradas que se cruzan con viandantes, explotan una y mil veces en los rescoldos del sueño. Cuando se sueña animal sobre el ascua del tiempo, se abre el mundo, se rompe la vaina de la Historia.

Se escucha en la radio un relato del 68. París, Praga, Tlatelolco: octubre es una garza que atraviesa con su pico los peces dorados del recuerdo, que alza el vuelo tan inoportuna
como una herida. En este silencio demorado, violeta raja en el crepúsculo, pienso
en el cerco de ceros que me aparta de todo.
Cuando la Historia se cambia las máscaras, y baja el arma herrumbre del testigo, en ese entresijo dinamiza la palabra. El hombre es flor de medianoche, rumba de zángano, es equilibrio y mosto de lo más febril. Sólo ahí se encontraría un poema.

Tanto ha llovido, que algunas piedras optan por disfrazarse de sombra y cantar solipstistas.
Los cactos, el amor abierto de sus horas de espina, luce por lo pronto un verde autista, muy rotundo. Se abren altos tallos de yerbas malas, acuñan flores de fin.
Un par de horas al volante y pronto llegaremos; la noche ya engulle los mendrugos del sol.

En las urbes se esconde nuestro panteón personal. Vuelan los dioses, hallan refugio tras el caracol donde guardamos la voz. Se fermentan. Lo que pasa en el camino es suyo propio y se esfuma igual que polvareda, prima del eterno retorno.

domingo, octubre 12, 2008

¿HACE FALTA UN ESPEJO?

El retrato de sí mismo es un motivo recurrente en la historia de la pintura occidental. A partir del Renacimiento emergen obras que conmueven y asombran por distintos motivos; ya sea el manejo del color, el juego del espacio en el que se desenvuelve la figura del artista, la fuerza en la expresión. De cualquier manera el autorretrato vuelca al artista, desde una oscuridad abismal, hacia una proyección determinada, poderosa e igual de ambigua que la misma penumbra. Quién no recuerda, por mencionar sólo algunos, el cuadro memorable de Diego de Velázquez, Las meninas, o aquél otro de Goya, La familia de Carlos IV . En ambos, la figura del pintor emerge como un alteridad improbable para convertirse en una figura perturbadora y brillante, que transgrede desde el fondo de la imagen, ocupada en primer plano por la Corte. En los dos siglos que nos preceden, encontraremos pinturas que se colman de patetismo, y hacen evidente el esfuerzo del sujeto por asir su figura, y plasmarse después en la superficie pictórica: Van Gogh y sus retratos con la oreja vendada o bien, la cruda imagen de sí que proyecta Lucian Freud. Es sin embargo con Francis Bacon, donde contemplamos una batalla angustiante: hay una imposibilidad de encontrar una imagen determinada del «yo pictórico»; el rastro sanguinolento de esta lucha se revela en sus cuadros, donde su rostro aparece movido, deforme, revuelto en las corrientes del óleo, inasible, invisible.[i]

Autorretrato, Bacon, Francis

Para el pensador francés Clement Rosset[ii], el autorretrato del artista pertenece a una clase de ilusión psicológica, que tiene como intención el construir una imagen «fija» del Yo, que pueda brindar certeza de sí mismo. De esta manera se eleva un parapeto que protege al individuo de lo Real —siempre cambiante, único, azaroso—, y de la evidencia de que el espejo nos muestra algo que no es del todo cierto, sólo máscara que apenas alcanza a contener lo que detrás ya se desborda. Uno de los autorretratos de Albrecht Dürer (1471–1528) apoyaría lo anterior, al verse desdoblada, en fundición perfecta, la imagen del pintor en la de Cristo: duplicación divina y protectora. Por el otro lado, Rosset menciona que el caso más ejemplar de la renuncia a la duplicación pictórica —ilusoria, falsa, metafísica—se encontraría en un cuadro del flamenco Jan Vermeer (1632–1675), que se conoce como El taller del pintor. Vermeer declina pintarse a sí mismo y se representa de espaldas: es el artista consciente de la farsa ilusoria; se quita la máscara y nos muestra el lado más oscuro, sus espaldas: lo que cada individuo es, y nunca alcanza a ver, salvo por mediación de algo/alguien más. Se comparta el rumbo al que apunta el pensamiento de Rosset o no, el cuadro de Vermeer constituye un hito en la historia de la representación, además de una joya en cuestión de luz y preciosismo.


El taller, Vermeer, Jan

Dentro de los lindes neblinosos de la poesía, los autorretratos son menos frecuentes que en el arte pictórico, mas no escasean. Lo primero que se viene a la mente es que, en todo caso, toda la obra del poeta sería su autorretrato, una huella humeante de su Yo, frente a los nichos que se abren entre palabra, sentido y silencio. O de lo «otro» de su yo: el poema como testamento de una huída —aunque no sabemos si la huida de la errancia lírica, o el distanciamiento firme de la locura le son posibles. De cualquier forma, poemas que se declaran autorretrato no abundan, y la intención inicial de estas líneas era compartir cuatro de ellos. El primer Retrato corresponde al gran poeta español Antonio Machado (Sevilla 1875–1939), que está incluido en el libro fundamental Campos de Castilla. Hundido como espada en la memoria, a manera de declaración de poética y despedida, el verso sencillo nos lleva a la experiencia del tiempo y el existir de Machado: «¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera/ mi verso como deja el capitán su espada:/ famosa por la mano viril que la blandiera,/no por el docto oficio del forjador preciada/ [...] Y cuando llegue el día del último viaje,/y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,/ me encontraréis a bordo ligero de equipaje,/ casi desnudo, como los hijos de la mar».[iii]
Adam Zagajewski (Lvov, 1945) en su Autorretrato, traza el boceto desde el estar cotidiano, mientras pregunta por su Polonia, de la cual lo separa el exilio. Las ciudades ajenas, el amor de su mujer, las conversaciones con su padre están presentes; al final alude a Machado: «Entre ordenador, lápiz y máquina de escribir/ se me pasa la mitad del día.[...] En la música encuentro la fuerza, la debilidad y el dolor,/ los tres elementos./El cuarto no tiene nombre./ Leo a poetas vivos y muertos, aprendo de ellos/ tenacidad, fé y orgullo. [...] Mi país se liberó de un mal, quisiera/ que le siguiera aún otra liberación [...]No soy hijo de la mar, como escribió sobre sí mismo Antonio Machado,/ sino del aire, la menta y el violonchelo, y no todos los caminos del alto mundo/ se cruzan con los senderos de la vida que, de momento/ a mí me pertenece»[iv].
Una experiencia vital de sencillez y contemplación, en alto contratse con el ajetreo de la modernidad —al tiempo que deja entrever su amor por los latinos epicúreos y estoicos—, es lo que Juan Antonio González Iglesias (Salamanca, 1964) establece en Autorretrato como asceta inconsciente: «Desconozco las marcas de los vinos más caros./ Ungaretti es la única denominación/ de origen que respeto. [...]Algo hay/ de revolucionario/ en la felicidad del silencioso./Me muevo en los extremos invisibles. [...] Fuera de aquí no logro/ explicarme. Además de torpe,/ soy un asceta inconsciente».[v]
¿Miente el poeta? Puede afirmarse y al mismo tiempo decir no. La ambigüedad de la poesía le permite revelarnos un fragmento de sí; proyección que dice ser sincera mientras por el reverso nos sonríe silenciosa. En tanto que no hay verdades y mentiras, la palabra poética celebra contundente la vida y nos transmite un algo del autor, en cercanía con sus claves para inquirir el mundo y sus enigmas. Así, el pasado viene a incinerarse en el presente, mezclado y vuelto mosto, humedad de muerte y vida, en el canto; como en el desenfreno carnal de juventud y el transplante del trópico al desierto, que hacen cuña en el poema de Julián Herbert (Acapulco, 1971) Autorretrato a los 27:[vi] «Yo era un muchacho bastante haragán/ cuando me asaltaron las circunstancias/ sábados y domingos cantaba en los camiones/ ahorraba para unas botas Loredano/ y besé a dos/ no/ a tres muchachas antes de mudarme a esta ciudad» Más adelante, el salto mortal de la mudanza y la pubertad a la poesía: “también pienso en este poema/ que hace 27 años se fragua dentro de mí/ y nunca termina /nunca dice las palabras exactas/ porque es igual que yo/ un muchacho bastante/ haragán una verdad fugaz como todas las verdades». ¿Hace falta un espejo?

(publicado en Piedra de Sol, suplemento dominical del Sol de Zacatecas)
[i] Algunos de estos cuadros pueden disfrutarse en el libro 500 Autorretratos, Phaidon Press, New York, 2004.
[ii] Cfr. Rosset, Clément, Lo real y su doble, Tusquets, Barcelona, 1993
[iii] Machado, Antonio, Poesía, Alianza, Madrid, 2007
[iv] En Zagajewski, Adam, Poemas escogidos, Pre Textos, Valencia, 2005
[v] Lo halla usted en González Iglesias, Juan Antonio, Un ángulo me basta, Visor, Madrid 2002
[vi] Puede leerse en Herbert, Julián, El nombre de esta casa, Tierradentro, México, 1999

jueves, septiembre 25, 2008

Como siempre, el otoño nos sorprende. Este año ha llegado con los pies inflamados de agua, con goteras en las casas de débil corazón; en Zacatecas un viento frío adorna los árboles de la Bufa, acompaña a los músicos nocturnos en su travesía de bar en bar, baratos y alegres a pesar. Rilke escribió el siguiente poema para recibir al otoño algún día entre 1902 y 1906, sus primeros años de libertad y viaje, testamento de algún paraje entre París o Roma o algún pueblo danés o sueco. Comparto con ustedes una apresurada, aunque cariñosa y muy a propósito, versión:

HERBSTTAG

Herr: es ist Zeit. Der Sommer war sehr gross.
Leg deinen Schatten auf die Sonnenuhren,
und auf den Fluren lass die Winde los.

Befiehl den letzten Fruchten voll zu sein;
gieb ihnen noch zwei südlichere Tage,
dränge sie zur Vollendung hin und jage
die letzte Süsse in den schweren Wein.

Wer jetzt kein Haus hat, baut sich keines mehr.
Wer jetzt allein ist, wird es lange bleiben,
wird wachen, lesen, lange Briefe schreiben
und wird in den Alleen hin und her
unruhig wandern, wenn die Blätter treiben.


DÍA DE OTOÑO

Señor: ya es tiempo. Fue enorme el verano.
Sobre el reloj de sol vierte tu sombra,
y suelta el vendaval sobre tu suelo llano.

Ordena plenitud al final fruto;
dos días de tibio sur otorga en trino,
lleva su pulpa a madurez, bruto
el jugo inyecta en el pesado vino.

Quien no posee morada ya no erige.
El que solo vive, así estará buen rato,
haga cartas, lea, lo débil lo cobije
y divague en las calluelas sin recato,
cuando el vaivén de la hojarasca rige.

lunes, agosto 11, 2008

Un poema

CANALES EN FLAMA

Vermeer, qué harías con esta luz que inflama la cocina. Los bordes secos del cilantro arden, una cebolla morada y de leche vieja un trozo, se disputan el orden del olor . Hay un hombre que calienta café, hurga en la ventana señales del día anterior, punto y coma de los grillos. Se sienta y escribe: está imitando el brote de lo real , mientras trae al recuerdo finas manos de chelista o cauces de agua puerca de canales en flama, flamencos. La luz se desperdicia y pudre en los rincones. Volverá ya hecha rama seca: la garganta de un niño corre el empedrado de sus primeras palabras. El día de hoy no hay angustia, Vermeer, sólo alimentos que ofician un humo de oráculo: todo se consume y arruga –hueso menos polvo igual a vida–; este brillo cruza el puente de mañana en mañana.

sábado, agosto 02, 2008

Oscilador puesto en Caos.




El jueves pasado presentamos el número 17 de la revista Puntos suspensivos, que está dedicado a la poesía en lengua alemana producida durante el siglo XX; las versiones en español fueron hechas por mí. Como es una publicación con fines de difusión de la poesía, es gratuito -aunque Puntos suspensivos siempre tuvo un precio menos que simbólico de $5. Si viven en Zacatecas, pueden conseguir un ejemplar en el Centro de la Gráfica, muy cerca de la Fuente de los Faroles. Más adelante les informo dónde más podrán conseguirlo. La portada por cierto, es una imagen del pintor Ignacio Vera Ponce; si no les gustan los poemas/las versiones, una muy buena opción será convertir la portada en afiche. Por lo pronto, incluyo aquí la versión del poema Zungenwerk - "Obra de la lengua" del excelente poeta Hans Magnus Enzensberger, que viene incluido en la pequeña muestra recién publicada.



Zungenwerk

Dein seltsamer, stockender Singsang,
jahrzehntelang fortgesetzt,
und der Singsang des Andern –
Flüstern, Summen, Keuchen, Stammeln –
wirre Wirbelstürme im Luftmeer:

Der gewandteste unter den Muskeln,
die Zunge allein – denke dir
eine einsame Zunge,
die sich vor dir auf dem Teller windet –,
die Zunge allein tut es nicht.

Seufzen, Murmeln, Schreien und Radebrechen –
»Qui la sua voce soave«, »Zu Befehl«,
»London Interbank Offered Rate«,
oder Verwickelteres
wie Koran oder Kosmologie:

Da geht es nicht ab ohne Blasebalg,
Ansatzrohr, Resonanzhöhlen;
da werden Knorpel gedreht, gekippt;
Deckel heben und senken,
Öffner und Schließer

spannen sich und erschlaffen,
Fasern, Membranen werden erregt,
immer so fort, innen,
im Andern, arbeitet es,
es arbeitet, innen, in dir:

eine Polsterpfeife, ein Zungenwerk,
unberechenbar, schwer verständlich,
ein chaotischer Oszillator,
immer so fort, bis ihr versteht,
oder bis euch die Luft ausgeht.






Obra de la lengua

Tu canto extravagante y pleno en duda,
prolongado por décadas,
y el canto del otro –
cuchichear, zumbar, jadear, balbucear –
caos de flujo vertebral en mar de aire:

El más certero entre los músculos,
la mera lengua ­– imagínate
una lengua solitaria,
ante ti serpenteando sobre un plato –,
la lengua sola no hace nada.

Suspirar, murmurar, gritar y hablar cortado,
»Qui la sua voce soave«, »a sus órdenes«
»London Interbank Offered Rate«,
o algo más embrollado
como cosmología o Corán:

Nada se desprende sin un fuelle,
tubos de sedimento, grutas de resonancia;
entonces cartílagos se rompen, volcados;
se alzan y hunden tapaderas,
compuertas y válvulas

se tensan y relajan,
son excitadas fibras y membranas,
siempre de nuevo, por dentro,
en lo diferente, trabaja,
trabaja, por dentro, en ti:

una pipa de reposta, una obra de lengua
incalculable, difícil de entender,
oscilador puesto en caos,
siempre de nuevo, hasta que ustedes entiendan
o el aliento se les vaya.


****

Hans Magnus Enzensberger (1929 -)

Vio la primera luz en Kaufbeuren /Allgäu. Hizo estudios de literatura, filosofía e idiomas en Hamburgo, Erlangen, París y Friburgo. Los rasgos principales de su quehacer literario son, desde sus inicios, una amplia sensibilidad para observar el desarrollo y tendencias de la sociedad, una búsqueda diferente al lirismo tradicional y el balance que busca entre el hombre y el poeta. Enzensberger representa al autor y crítico flexible y multifacético. Ha sido también antologador, editor y traductor. Ha recibido diversos reconocimientos, como el Georg Büchner Preis en 1963 y en 1994 la condecoración cultural de la ciudad de Múnich. Ha publicado, entre muchos otros: Defensa de los lobos, Furia de la desaparición, Música del Futuro y Kiosko.

lunes, mayo 26, 2008

De lo imperfecto de la certidumbre

Hoy he despertado ebrio. Salí a caminar, compré una cerveza para, por vez primera, poner a prueba el postulado aquél que reza: no deje Ud. a la cruda abrirse en sus entrañas, aléjela y convenza a su intestino de que la embriaguez no. No. La embriaguez no debe ser lo extraordinario, perdónese lo Nietzsche tan frugal que anida en mí. Mas la embriaguez, como hasta ahora reza el dicho y menos suficiencia, debe ser cuestión del día a día. Día: hora de mutar definiciones y derrumbar al concepto. Veámonos sólo en la palabra. Cambiemos hasta la médula del sol nuestros conceptos, y venga el corazón abierto a la deriva.

Esto no es Zacatecas. Y sí. Un poema y sólo.

POR UN LADO DEL AGUA (Anzuelo para bucólicos)


Nadie lo enseñó mas lo aprendimos: ni error ni acierto, todo flotaba en el aire, como los árboles arrancan a la tierra sus acordes más tibios.

Ah, de los árboles la vocación imperfecta: cantar lo que los aires silencian. Entre ellos, en el latido atlético de amores poco honestos, creíamos aún en el montaje: como fieles maitines, deséabamos pertenecernos, el uno al rezo del otro.

Ya verás, ni la noche se acaba en las orillas del lago, ni la luna pertenece a la mirada del lago, como dos cuerpos no se poseen, no son uno del otro, salvo en el instante en que lo par no existe: una moneda lanzada, dos caras en el giro de un beso, abriéndose paso entre los aires del azar.

El susurro de un árbol: el azar no entiende de lealtades, y la mirada sólo crece donde se ahoga la memoria. Ahí aprendiste a desamar.

Una noche de lluvia, un olvidar entre la hierba los silencios del agua, y la mujer que fragua sus amores en un todo nuestro. En el otro del nosotros el corazón deriva.

Pero qué termina en el naufragio. El deseo es una cadencia que revive en toda carne, lazarina y primavera, como una flor hace sudar al último deshielo del año.

Solos. Sin dos o tres puntos, no identidad tampoco espera. Echados a volar en el dorado giro del fuego, deshilando la primera elegía para amanecer en la arena.