martes, diciembre 02, 2008

LAS VOCES DEL RELÁMPAGO

TabulaEn días pasados se anunció que el Premio Nacional de Ensayo «Abigael Bohorquez», convocado por el Centro Cultural Tijuana y el Fondo Regional para la Cultura y las Artes del Noreste, en su edición 2008, era concedido al libro La experiencia del pensar: filosofía y poesía en Antonio Porchia y Roberto Juarroz, del poeta y escritor (¿hay alguna diferencia?) fresnillense Juan José Macías (1960). Una vez más, este premio se otorga a un autor zacatecano, después de Sergio Espinosa Proa y Sigifredo Esquivel Marín, que lo recibieron en 2006 y 2005 respectivamente. Al enterarme de esta noticia me dio gusto comprobar que la voz de Juan José Macías se afirma, paulatinamente, como una de las propuestas más sólidas, sinceras —y en tanto tal, excéntrica— de la literatura nacional y por supuesto, del ámbito zacatecano.
TabulaEn La experiencia del pensar: filosofía y poesía en Antonio Porchia y Roberto Juarroz, Macías se adentra en los senderos boscosos del pensamiento, el cual, mucho más allá de ofrecerse completo, andamiado, verticalizado en un sistema filosófico, encuentra su revelación más profunda en el decir poético. Al acercarse, —hermanado por la lectura, la admiración y la espera— a dos voces pensantes del abismo como las de Juarroz y Porchia, Macías discurre por algo más que un homenaje o una develación de la poética de aquellos: busca, y quizá encuentra, un reflejo de su búsqueda misma. No se puede escribir sinceramente de alguien, sobre alguien, sin que en lo más íntimo se encuentre un enramado de afecciones y coincidencias. El largo ensayo nos permite ahondar en una noción que se descubre nítida a lo largo de sus páginas: la poesía debe convocar al pensamiento, emerger de él, hacerlo que emerja. Juego síncrono, asíncrono, en el que todo pensamiento profundo deviene paradoja, imagen oscura, mas lúcida. Macías convoca a diversas voces para perfilar a los dos argentinos: Martin Heidegger, Gadamer, Borges, Pániker, entre otros. Al final, la serenidad de su propia voz nos acompaña e invita a la experiencia: la poesía, antes que ejercicio retórico y estridente juego de palabras, es antes un camino que descubre, a lo largo de su andar, zonas de amplia lucidez que sólo pueden acontecer desde el lenguaje. Lenguaje que voltea el rostro a los sinchos de la gramática, la ley moral o el artificio estético, para tornar(se), desde la sencillez en la expresión, casa de la presencia y del Ser.

Hongo en bosque de Polonia

TabulaLa auténtica experiencia poética sería la del pensar. La auténtica experiencia pensante, la de la poesía. Las figuras de los escritores argentinos Antonio Porchia (1885– 1968) y Roberto Juarroz (1925–1975), desde su íntima distancia y su cercana lejanía, nos preñan de esta actitud natural —cercana a lo originario— del quehacer poético sin mayores aspavientos ni pretensiones que el porque sí. Porque sí que es, si es que puede hablarse de ello, la esencia de lo que es. Juarroz admira la poesía, la disposición vital de Porchia, su cuidado. Y aprende en la medida que lo abismal puede ser transfusión. Hace de la paradoja y la reflexión la sombra sobre la cual se apoya su decir, y desde ahí lo limpia de todo accesorio inútil, lo vuelve una arquitectura imposible de derrumbar. Antonio Porchia, autor de un único libro, Voces, que ha visto modificaciones, alteraciones, reediciones, pero siempre desde la pureza del hecho que trasciende toda pretensión estética. Porchia escribe por necesidad. Escribe sólo lo necesario, para colmo. Y desde ahí se denuncia lo innecesario de mucho de lo escrito. Su figura es tímida, retraída, alejada de los avatares de las modas y los círculos del mundo literario. El decir que se desprende de sus Voces escapa a la mera literatura, retorna al decir más limpio, se mezcla con la experiencia de la vida y además, dice más en lo que calla. En sus abismos. Escritura fragmentraria, (ni aforismo, ni máxima: simple voz) que, al contrario de muchas, no piensa en triunfar sobre el olvido y, por ello mismo, lo traspasa como quien salta a la orilla de la playa las olas del mar. La voz, Voces, de Antonio Porchia se ofrecen como se ofrece el relámpago ante el mundo: única forma de traer al Ser a la presencia. La palabra de Juan José nos convida a participar de este rumbo, a diferir de él, a la discusión, al pensamiento. A la práctica de la poesía desde la trinchera de la apertura ante el mundo, y no sólo el retruécano del lenguaje.
TabulaCon este ensayo, que esperemos vea pronta publicación, es posible acercarse a las claves que fundan la última poesía de Macías, como atestiguan con nitidez sus libros más recientes: La expansión de las cosas infinitas (2006), Dos máscaras para Dioniso (2005) y Viene Hölderlin (2005). Poesía que arriesga a una claridad inusitada, que refiere, que hurga en los linderos del poema para preguntarse por él mismo. Lucidez que irrumpe en esta segunda parte de su producción y que difiere en mucho de sus primeros libros, como Sensualineal o Ánima Ascua. El pensar que disloca a la poesía misma, la saca de su artritis rimbombante y retórica, y la trae a madurez por los senderos de la revelación. Encontrar el filo de frescura entre la paja, como reza un verso de él mismo: «supongamos que hay una hoja fresca de eucalipto/ perdida entre la hierba seca». Una obra en expansión que merece aún muchas palabras, necesarias, que acompasen al relámpago.

No hay comentarios.: