miércoles, abril 15, 2009

Poema





CASO DONDE LA RED DE PESCAR ES INÚTIL





Sostenido entre ramales de luz crece tu eco, regurgita ostiones,

palabras vueltas una endecha de mar, un mercado, bergantines:



[El barco se sostiene sobre una cresta furiosa: es la memoria, la

inmaculada y barata, la extensiva y agreste: cáscara de tiempo]



Caminas, guardas la runa en tu bolsillo; comparte la tiniebla

con variados objetos: la red de pescador, una

leontina que se extiende y sostiene una estrella: es el barrio de

tus padres, molecular y silente:



[Al calor del estío las tardes se pudrían, generosas, heráclitas,

con un tajo al cuello por las aves que vuelven. Ardían las

mujeres lejos de tu alcance, o ¿estaban ahí? ¿sosteniendo tus

dedos en su fina baba? ¿agitando tu pasmo opuscular y sordo?]



Sostenido entre sílabas de luz, tu eco pudre y sedimenta: es

acaso humus agreste, casi desierto, pero sobra en tus huesos

como sobra el acorde. Hay música de vientre abierto por

un par de monedillas. El viento frío, lo que asume el paso de

un pasado hacia un futuro es una mínima variable de presión

(la ciencia, hijo, es el tránsito de un mar hacia una fórmula de

cauce, pero la sal):



[Comes la cáscara, el zumo es una endecha herida y además es

trocha. Qué rima, como aquellas del cuerpo del infame tú, que

se atoraba entre la leche y la leche, entre la madre y la madre

por matar: qué rifa la del tigre y es vivir, pensabas, una voz

movía un malacate, un tambor que te jalaba a los oficios: al

aceite quemado, a las costillas de la niebla; era tu padre y los

cerrojos]



Todo se extiende: el pasado, en su holgura hecha palabra, se

corrompe por diversos haberes, estornudos, es torso de gorrión

que ya cayó. Dónde se sostiene cualquier yo que fuiste tú: no

es una colección que puedas observar, tomarte como figurín,

pasar un limpio trapo en tus berijas, porcelana y cobre vueltos

forma: es imposible, toda memoria tiene la intención de

derretir. Armar relajo en tus costillas. Nunca sabrás de ti algo

más que la parvada. Caminas y se inunda el estío: ríos de

semen y quemado aceite brotan del talón.







Un amigo pescador, esperemos no infructuoso, acompaña nuestro poema.

lunes, marzo 30, 2009

TODA COPA DE VINO ES UN RÍO SILENCIOSO

El grandulón Li Po, al parecer ebrio, conducido por sirvientes.

Hace mil trescientos años que Li Po caminó, cabalgó y por supuesto, disfrutó de las delicias del trago a lo largo y ancho del Imperio Chino, a cuya cabeza se encontraba la dinastía Tang, célebre por el impulso que brindó a las artes. Seguramente su vida y, como se sabe, lo prolijo de su obra, quedarán fuera del alcance de toda pretensión biográfica, para quedar sueltos en los terrenos boscosos de lo imaginario.
fffffSe dice, de acuerdo con los datos que de él se tienen, que nació en la provincia de Shuiye, en el año 701. Su talento fue reconocido a muy temprana edad, se cuenta que a los diez años platicó con el emperador y éste lo reconoció como un geniecillo. A pesar de su conocimiento de las diversas disciplinas filosóficas, Li Po se sintió siempre, por disposición espiritual, mucho más cercano al taoísmo que al confucionismo. De ahí que emprendiera en su juventud el recorrido por las provincias, las visitas nocturnas a ermitaños, las travesuras a los monjes y largas charlas con la naturaleza, buscando el elemento más prodigioso en ella: la disolución, el eco extendido del silencio. Se conservan como testigos de su vida algo así como 1,100 poemas suyos, aunque se afirma que escribió más de diez mil. Lo que calla en los poemas perdidos, hechos agua entre las aguas del río Amarillo, nos obliga a pensar a Li Po en el silencio de los montes, en el revés de la cascada, en el amplio espectro sin sonido entre cada golpe de sílaba.
fffffEl idioma chino es monosilábico y su escritura es a partir de ideogramas. Cada uno de estos ideogramas dice y evoca mucho más, que una sílaba sencilla en cualquiera de las lenguas indoeuropeas. Por añadidura, el chino carece de elementos conjuntores, y los poemas clásicos se conforman como imagen de palabras, nombres y verbos, que en su disposición gráfica y rítmica se abren a la estampa, al festejo o al ejercicio pensante. Florecen.
fffff
Poema "Bebiendo bajo la luna" en escritura original y traducción silábica.


fffff¿Qué hay en el silencio entre ideograma e ideograma? Celebración, la parte inagotable del mundo que no puede decirse, y que si es dicha, se escapa por igual. El azar quizá, la abundancia más radiante. Así lo comprueban los poemas de Li Po, que fue un fundamental renovador de la lírica china de su época, y sigue siendo una figura referencial dentro de su tradición. Para los occidentales, su obra no deja de ser un regocijo, una fiesta extraída, a través de la dura labor de traducción, a una presencia cristalina y saludable que refresca. Grandes escritores se han visto encantados por el murmullo de vino que brota de su voz, entre ellos Ezra Pound, José Juan Tablada, Octavio Paz. En sus poemas se abre el mundo, así como quería el místico alemán Angelus Silesius, porque sí. Porque sí que es y debe ser tan caro a la poesía. A aquellos que no hemos visitado el lejano país, nos vemos afectados por una experiencia rebosante de sinceridad y desenfado. Abundan las celebraciones al vino. A la luna. Cada tallo de bambú, cada cascada, hierven de luz y plenitud. No faltan la risa y travesura, aunque también se expresa la nostalgia por el vencido, por el ausente, por el regreso eterno de la primavera. El recorrido por las aldeas, el alba. Si se quisiera empatar la filosofía de Li Po a alguna corriente occidental, podría decirse que se acerca más a un epicureísmo con licencias —que quizá sea el mejor. Aunque la palabra del Libro del Tao, raíz del mundo oriental y de la sabiduría china más antigua, es demasiado profunda incluso, para decirse, como sentencia su primer momento: “El Tao que puede decirse no es el Tao verdadero”
fffffLi Po se refugió con más intensidad en esta doctrina después de sus fallidas experiencias en la corte imperial, durante sus años de madurez, donde frecuentó los placeres cortesanos y disfrutó de una vida opulenta, de los cuales pronto se vio defraudado, al reconocer lo fútil y poco sincero de las actividades de la función pública, y el escaso interés de todos los administradores en trabajar por el verdadero bien del pueblo. Vícitma de conspiraciones, como nuestro buen Dante, sufrió el destierro. Ya muy cerca de sus años finales obtuvo el perdón del poder y se refugió en casa de un tío. Sospechamos que nunca dejó de escribir poemas, y es muy justo pensar que, sabedor de lo finito de todo acontecer, se complacía en escribir versos bajo el brazo blanco de la luna, para después arrojarlos al agua, o verlos dorarse en la fogata, como las despistadas luciérnagas. Verlos sumirse en el callar del mundo, de donde salieron y a donde pertenecen.
fffffLa leyenda cuenta que murió ahogado en el año 762, en una noche de embriaguez, queriendo abrazar el reflejo de la luna sobre el río. Puede ser y no. Aunque no es necesario un final tan romántico, para saber y sentir que Li Po es uno de los poetas más auténticos que han vivido. Yo me quedo con uno de sus poemas (que por cierto encuentra eco en un texto notable de José Emilio Pacheco, No me preguntes como pasa el tiempo), que atestigua la banalidad del poder humano, lo efímero que resulta todo hacer del hombre ante el cauce, a veces crispado y otras en sosiego, pero siempre erosionante, del devenir:


ffffffffffffffffffVISITA A LAS RUINAS DE YUE

ffffffffffffffffff Derrotados los de Wu,
ffffffffffffffffff el rey de Yue regresó triunfante.
ffffffffffffffffff Sus guerreros se cubrieron de seda.
ffffffffffffffffff Doncellas en flor llenaban
ffffffffffffffffff el palacio de primavera,
ffffffffffffffffff ruinas que cruzan hoy día
ffffffffffffffffff unas cuantas perdices grises.*


* Algunos de los datos de este texto, así como el poema Visita a las Ruinas de Yue, fueron tomados del libro Cien Poemas, Li Po, traducción, selección y prólogo de Chen Guojian, Ed. Icaria, Barcelona, 2002

martes, marzo 10, 2009


Hoy quiero compartir un poco de Ingeborg Bachmann (1926-1973) , excelente poeta austríaca, a cuya obra es, ineludible, relacionarla u otorgarle el calificativo de poesía de posguerra; sin que ello demerite o pueda ser un lastre, en toda obra donde exista poesía de altos calibres cualquier apelativo viene de sobra. Así, los tráfagos oscuros que rubrica la poesía de la Bachmann, son patentes desde sus primeros poemas hasta los escritos hacia los años últimos de su vida, cuyo fin trágico tiende peldaños descendentes hacia el agua que envolvió a Celan. La hora postergada y Exhortación a la Osa Mayor, son los poemas que otorgan título a dos de sus libros más importantes, Die gestundete Zeit (1953) y Anrufung des Großen Bären (1956). Las versiones en español, aún inmaduras, son mías.



Die gestundete Zeit *



Es kommen härtere Tage.
Die auf Widerruf gestundete Zeit
wird sichtbar am Horizont.
Bald mußt du den Schuh schnüren
und die Hünde zurück jagen.
Denn die Eingeweide der Fische
sind kalt geworden im Wind.
Ärmlich brennt das Licht der Lupinen.
Dein Blick spürt im Nebel.
Die auf Widerruf gestundete Zeit
wird sichtbar am Horizont.

Drüben versinkt dir die Geliebte im Sand.
er steigt um ihr wehendes Haar,
er fällt ihr ins Wort,
er befiehlt ihr zu schweigen,
er findet sie sterblich
und willig dem Abschied
nach jeder Umarmung.

Sieh dich nicht um.
Schnür deinen Schuh.
Jag die Hünde zurück.
Wirf die Fische ins Meer.
Lösch die Lupinen!

Es kommen härtere Tage.


La hora postergada

Se acercan días durísimos.
La hora postergada a nuevo aviso,
se torna visible en lontananza.
Pronto debes anudar tu bota
y llevar los sabuesos hacia el coto de marcha.
Pues las tripas de los peces
se han enfriado con el viento.
Altramuces arden con luz ínfima.
Se presiente tu mirada en la niebla:
la hora postergada a nuevo aviso,
se torna visible en lontananza.

Allende, los amantes se inundan en la arena,
él asciende por su pelo en oleaje,
él se inocula en su palabra
él la ordena mantener silencio
él la juzga mortal
deseosa de partir
tras cada nuevo abrazo.

No busques tu rastro.
Anuda tus botines.
Lleva a los sabuesos.
Avienta al mar los peces.
¡Apaga el altramuz!

Se acercan días durísimos.





Audio de "Die gestundete Zeit" en la voz de I.B., con imágenes de William Blake.




Anrufung des großen Bären


Großer Bär, komm herab, zottige Nacht,
Wolkenpelztier mit den alten Augen,
Sternenaugen,
durch das Dickicht brechen schimmernd
deine Pfoten mit den Krallen,
Sternenkrallen,
wachsam halten wir die Herden,
doch gebannt von dir, und mißtrauen
deinen müden Flanken und den scharfen
halbenblößten Zähnen,
alter Bär.

Ein Zapfen: eure Welt.
Ihr: die Schuppen dran.
Ich treib sie, roll sie
von den Tannen in Anfang
zu den Tannen am Ende,
schnaub sie an, prüf sie im Maul
und pack zu mit den Tatzen.

Fürchtet euch oder fürchtet euch nicht!
Zahlt in den Klingelbeutel und gebt
dem blinden Mann ein gutes Wort,
daß er den Bären an der Leine hält.
Und würzt die Lammer gut.

’s könnt sein, daß dieser Bär
sich losreißt, nicht mehr droht
und alle Zapfen jagt, die von den Tannen
gefallen sind, den großen, geflügelten,
die aus dem Paradiese stürtzten.


Exhortación a la Osa Mayor


Desciende, Osa mayor, hirsuta noche,
con fina piel de nube y tus antiguos ojos,
ojos de astro,
tus patas brillantes irrumpen la maleza
con las garras,
garras de astro,
en vigilia sostenemos los rebaños,
por ti empero cautivados, con recelo
de tus flancos que declinan, de los
dientes agudos apenas exhibidos,
Osa vieja.

Una piña: el mundo suyo.
Ustedes: sus escamas.
Las empujo, hago que rueden
de los pinos primeros
a los pinos del fondo,
olisqueo, las pruebo en el hocico
y me dispongo a zamparlas.

¡Temen ustedes o no temen!
compensen al mendigo, al invidente
alivien con palabra buena,
para que así él mantenga a la osa bajo rienda.
Y otorguen buen sazón a los corderos.

Sería posible que la Osa
se desprenda, ya no retumbe su amenaza,
ni devore toda piña, de aquellas
que cayeron de los pinos, los enormes, los alados,
aquellos que fueron del Paraíso expulsados.




El audio de "Anrufung des großen Bären" en voz de la autora, con imágenes de Kandinsky.




* Los poemas están tomados de Bachmann, Ingeborg, Sämtliche Gedichte, Piper Verlag, 2008, München

jueves, febrero 26, 2009

Dos poemas dos

Foto de Abrahm Orozco



Toma el fuego la consistencia del verbo: es máscara animal de todo hombre. Fue el mejor amigo hasta que al humo lo ataron: su cadena y memoria. Ahora el cuerpo luminoso y ardiente, acude escaso a la ciudad, mas se embriaga al refluir entre otras manos. Poco en estufas y calentadores, murmullo en el cigarro y el alba. Un joven lo refriega con el látigo y lo mueve. Lo pone a arder en público. Forjada melodía sin rumbo, vuelve la llama a atravesar el porque sí: regresa a conocer el primer fuego, útero de dioses y sonidos. Baila entre los tiempos, comunica lo improbable con el frenesí de los labios: canta.


*****



Claro es el rumor de las cantinas, arde su epicentro en el fondo de botellas. Hay que remar para vencer a la cantera y al desvelo y a la santa mocedad de las galaxias. De tanto en tanto hay un silencio: se anuncia el día en la fronda de la fiesta. El contrabajo auxilia: resana la grieta donde ya se asoma el sol.

martes, febrero 10, 2009

Un Poe-maguey


LA VIDA DEL MAGUEY



fffffffffffMi pura vocación: amasar hoy las venas de la noche,
fffffffffffcontar sus nudos secos,
fffffffffffhúmedos de tanto estar a espaldas de la luz,
ffffffffffffragantes en su oscuridad y adoloridos.

fffffffffff(Apenas cuándo alzábamos la piel
fffffffffffentre la piel del sol:
fffffffffffel cerro estaba a punto, las piedras rotas en su brasa
fffffffffffpredecían la lluvia. Toda historia se nublaba en
fffffffffffcigarrillos, el viento en modo frío
fffffffffffnos relamía la cara.
fffffffffffLos magueyes nos hablaban de su efímera victoria:
fffffffffffflorecer en tallo grueso,
fffffffffffalto, nervio de cielo,
fffffffffffcuyo efecto final siempre es la muerte;
fffffffffffmorir y perpetuarse
ffffffffffferan las flechas que trazaban arco:
fffffffffffla vida sustanciosa de esos cactos.

fffffffffffEra la ciudad como las ruinas del café:
fffffffffffsecas de forma y húmedas de fiesta.
fffffffffffNadie preguntaba por nosotros, nadie:
fffffffffffmugre o rascacielos,
fffffffffffera la errancia de un desierto en nuestras uñas,
fffffffffffera cantar: aflojar el frenesí de la cebada
fffffffffffy recorrer en la memoria el agua.
fffffffffffAsí caían las noches y con ascuas de su muerte,
fffffffffffal igual que los magueyes,
fffffffffffencendían el alba posterior.)

fffffffffffAhora extiendo mi avidez de otra mañana
fffffffffffpor toda esta concavidad interna,
fffffffffffalfarería de la penumbra,
fffffffffffde barro es torno el devenir. En bares y trincheras la suerte es invocada,
fffffffffffse nace o muere al revolverse el mar,
fffffffffffhay quien asedia la rubia espiga de los besos.

fffffffffffQué sé yo. La noche es una harina espesa.
fffffffffffPartirla en dos abre camino en las huellas.

jueves, enero 22, 2009

LA TIERRA QUE NOS ABARCA


Enero es una ascua por llegar a su fin, y antes que esto ocurra quiero compartirles un poema del potosino Félix Dauajare (1919 -). Considero que es uno de sus textos más interesantes, pues permite encontrar en resplandor el estilo definitivo de Dauajare: poesía pulcra, reflexiva, de un uso mesurado y conciso de cada palabra en pos de una claridad que alumbra, sin precisar de una imagen frondosa u oscura. Pertenece al libro Contraataque, publicado en 1978, que anuncia una metamorfosis profunda de su voz poética. Transformación que está en liga íntima con la fundación a mediados de esa década —apoyada por él, en su calidad de presidente municipal de la capital potosina— del Taller de Creación literaria de la Casa de la Cultura, que fue coordinado en sus inicios por el escritor ecuatoriano en exilio Miguel Donoso Pareja. En torno a él se conformó un grupo de jóvenes escritores aún en semilla, de los cuales algunos despuntaron rápidamente (Un ejemplo: el poeta zacatecano José de Jesús Sampedro). Entre ellos se congregó Dauajare, con humildad callada y una enorme disposición para adoptar la fuerza vital ahí reunida. Ese choque ante lo novedoso, aunado a la disposición y el rigor en la creación que imprimía Donoso Pareja, resultaron filones de aire refrescante para la estética de Dauajare, que asimiló y dio cauce y cuenta de ello en sus nuevos poemas. La recepción del libro fue, ante los lectores, muy buena y al mismo tiempo, intrigante. Cuenta Juan José Macías que su primer acercamiento con nuestro poeta —sin conocerlo en absoluto— fue a través de la lectura de este libro; al enfrentarse verso a verso con su voz, se sorprendió de encontrar en ellos un decir, al mismo tiempo, reflexivo y jovial; mezcla poco común, pues de lo primero carece el poeta en brama juvenil, y lo segundo se disipa con el peso de la palabra sobre cuerpo y aliento. Ambas cuestiones se funden en Contraataque y Sobreasalto, su siguiente libro, y terminan por decantarse a las vertientes reflexivas, patentes en su último libro publicado, Cuadernos de memoria y ceniza (2000).
fffffSi quieres amar a una ciudad, poema sin título, demuestra claramente lo anterior. El verso es fresco, libre, prescinde casi por completo de los signos de puntuación, acompañando a la estética del momento y anunciando su dominio casi total en la década de los 80 (Un vistazo a la colección Praxis/Dosfilos, nos permitiría adentrarnos más en estas cuestiones). Al mismo tiempo que revela sus aguas novedosas, la voz de Dauajare establece vínculos con lecturas filosóficas que hicieron mella en su palabra:

Un bosque por ejemplo no se muestra
si lo ahogan los árboles


altos ecos heideggerianos o pascalinos, indemostrables pero íntimos. En las últimas líneas se revela también la influencia política, ansiosa de libertad, que permeó en el poeta a través de su contacto con la juventud del taller, en total comunión con la izquierda, sostenida por el discurso de Donoso, cuya profesión política era también el socialismo —como lo fue de la mayoría de los escritores latinoamericanos en aquél momento:

La letra entra con sangre
te repetían antiguamente,
y con sangre supiste que se traman
los negocios del mundo

fffffSin embargo, el poema se muestra en su totalidad como un límite difuso: el que media entre el estar ahí y la distancia, zona en donde crecen y se abren, al pensamiento y a la sensibilia, el amor, la ternura y la pertenencia. La tierra es lo que somos cuando la vemos de lejos, ya imposibilidad; la cercanía blinda en su flujo caliente la intuición de un más: la secreta raíz de la existencia. Raíz que no se resuelve en la palabra o la poesía, pero queda entrevista: abierta y pronta a ocultarse nuevamente. Ante la precisión de Dauajare sólo queda el silencio, que él conoce bien y con el cual se compromete desde su verso.
fffffEs increíble que las obras de dos de los poetas potosinos más sobresalientes nacidos en la primera mitad del siglo XX, como Manuel Calvillo o el propio Dauajare, se vean en descrédito desde las lecturas politizadas. Se puede colocar a ambos poetas en las antípodas de los discursos políticos o históricos, encuentran sin embargo el punto más sincero de tangencia en la calidad y la finura de su voz. Dichas lecturas no revelan más que ceguera y pereza intelectual para pensar la poesía. No debemos dudar que lo anterior es causa de que la obra de Dauajare no haya sido reconocida como se merece en el ámbito nacional. El ejercicio de pensar y escribir para y desde la poesía, es algo que debe estar siempre presente en todo lugar y que nutre toda tradición —si es que esta noción existe— ya sea nacional o regional. He tomado Si quieres amar a una ciudad de La vida del relámpago (Verdehalago/ Editorial Ponciano Arriaga, 1995), cuyo atinado prólogo y recopilación estuvieron a cargo de David Ojeda, en el cual se reúne su obra (casi) completa, con excepción de Cuadernos de memoria y ceniza.



Si quieres amar a una ciudad...



Si quieres amar a una ciudad
no debes caminar por sus calles
Debes irte muy lejos
Olvidar que alguien se inclinó sobre ti
cuando palpaste el aire
Debes irte para entender a las gentes y a las cosas
Un bosque fffffpor ejemplo fffffno se muestra
si lo ahogan los árboles
La tierra que tú llevas en la piel
sólo la sientes cuando media otra tierra
otra palabra fffffotra manera de sufrir
la libertad fffffcomo una luz que no se atreve
a gritar su presencia
se desliza blandamente en el pecho
y ahí se queda para siempre,
sólo la vemos a lo lejos con las voces atadas
Cuando las manos abandonan un cuerpo
y se marchan no sabemos a dónde
se nos descubre la ternura
La letra entra con sangre
te repetían antiguamente,
y con sangre supiste que se traman
los negocios del mundo

martes, diciembre 30, 2008

En el allá del Idilio Salvaje

En breve el año agotará las últimas horas, caerán de su árbol secas, a nutrir el humus de la memoria: a pudrir el tiempo. Comparto como último post del año un ensayo sobre el desierto y la poesía: Manuel José Othón y el Idilio Salvaje. Deseo a quien se acercó a este blog durante el 2008 un generoso 2009...




En el allá del Idilio Salvaje: Otros florecimientos

I

Puede ser: nos habitan muchos rostros del desierto. Máscaras de tierra seca, tiempo agrietado, siempre en movimiento. Diversidad es también el desierto, desde el sentido que le es impuesto a la palabra, por ejemplo, por la ciencia geográfica, hasta la metáfora que anida en la palabra misma y que nos ocupa y nos imanta con frecuencia. Esta ponencia, que no es sobre filosofía, sino que asienta insegura sus pies llenos de polvo sobre ciertas veredas poéticas, quiere referirse a una mínima fracción del enorme desierto de Chihuahua: la que se abre y es delimitada por las rutas que conectan Zacatecas y San Luis Potosí: senderos de plata ante todo, por la vocación original de minería de ambas ciudades, senderos construidos sobre la tierra ardiente y roja, que pierde su color en la medida que se vuelve Sur.
nnnnnDe Zacatecas a San Luis y viceversa: espacio que han compartido infinidad de viajantes, algunos somnolientos, otros desinteresados, y unos cuantos que se detienen y escuchan las misteriosas vibraciones que se emiten por aquí.
nnnnnDe San Luis a Zacatecas y viceversa: espacio, nudo de historia sobre el cual, está entretejida una rica tradición, que se articula en la capital potosina y se difunde hacia el norte, precursora.
nnnnnLas relaciones entre ambas ciudades son estrechas y llenas de idilios e intercambios por demás fructíferos, y una íntims filiación en coincidencias y digresiones literarias, desde finales del siglo XIX hasta la fecha: es bien sabido que el poeta jerezano Ramón López Velarde vivió en San Luis Potosí durante una buena cantidad de años, lapso en el cual aprendió y afiló sus dotes de creador y sin duda, derramó una considerable cantidad de versos entre adoquines, pilas bautismales y copas de mezcal. El otro poeta de la región, referente básico, es Manuel José Othón, potosino, nacido treinta años con un día antes que Ramón; Manuel nunca vivió en la hermana ciudad al norte, pero la conoció y frecuentó, debido sobre todo a los viajes que emprendía a las ciudades de Torreón y Saltillo y Durango, con motivo de su trabajo como legislador y leguleyo. He evitado los apelativos: el poeta laureado, el gran poeta, el excelso. Ambos autores comparten estos títulos que les otorgan los quehaceres institucionales. Más para desgracia de su obra y de sus posibles lectores, que para su provecho como figuras de efeméride y eventos oficiales; pues siempre resulta más difícil leer a una estatua que a un muerto.
nnnnnOtra muy generosa relación se estableció a inicios de los años setenta: con el arranque del programa de talleres del Instituto Nacional de Bellas Artes; el exiliado escritor ecuatoriano Miguel Donoso Pareja fue el encargado de dirigir la primera promoción de jóvenes escritores de Talleres Literarios. La sede de este taller fue la Casa de la Cultura de San Luis Potosí –ahora transformada en Museo Francisco Javier Cossío: reflexiónese la implicación del cambio de nombre de Casa a Museo. Las jóvenes promesas de la región se acercaron a trabajar y aprender la disciplina del ya maduro Donoso. De este trabajo inicial, que aglutinó jóvenes de Aguascalientes, Coahuila, Zacatecas y San Luis Potosí, pronto se dejaron ver los frutos: en 1975 el zacatecano José de Jesús Sampedro se hizo acreedor al Premio Nacional de Poesía Aguascalientes con su libro Un (ejemplo) salto de gato pinto; en 1978 el potosino David Ojeda obtuvo el Premio Internacional de Cuento Casa de Las Américas, con su obra Las condiciones de la guerra. Quiero continuar y hacer mención de ambos escritores, como una referencia importantísima para la literatura del Centro-Norte de nuestro país: Sampedro como la cabeza de un proyecto editorial que comenzó con la aún perenne revista Dosfilos, anterior a Vuelta de Paz, y contemporánea de Tierra Adentro; proyecto que se expandió a cuadernos de poesía y narrativa, que reflejaron y publicaron gran parte del quehacer literario de los talleres ya implantados en el Centro-Norte del país, durante las siguientes décadas; David Ojeda, como un incansable viajero y coordinador de talleres literarios por toda la geografía nacional arriba del trópico de Cáncer, y forjador de una segunda generación de poetas y narradores del Norte, como Luis Humberto Croswaith, Jorge Humberto Chávez, Juan José Macías y Joel Plata, entre otros.
nnnnnEl desierto y sus fracciones vueltas verbo: el desierto y sus facciones reflejadas en los rostros de los que lo habitan. De Viceversa a San Luis, de Zacatecas a Viceverso.






II

nnnnnEs en el Viceverso donde se encuentra el desierto. Esta sección del mundo sobre la cual no abunda el agua, pero es apreciada y luchada por cada uno de los seres que lo vivimos. Tierra de cactáceas y flora de voluntad resistente, abundante sobre su piel agreste, como el nopal, la biznaga, el huizache, el mezquite, el toloache, el agave; todas trenzándose, con hilos de sangre y espinas, con una fauna que está acostumbrada al milagro: coyotes, correcaminos, lagartijas: especies que aceptan la sequedad, pues saben que tras ella está esperando lo húmedo, siempre a manera de revelación, de sorpresa y de muerte.
nnnnnEs ahí donde podemos acercarnos al desierto y darle su justo valor, acuñarle y brindarle nuevas semillas para volverse otra metáfora. De la Naturaleza a la palabra. Es el desierto entonces, el lugar donde acaece el milagro, es el nicho del Acontecer mismo. El desierto es un espacio donde hay presencia acechante de la Muerte: sí, en la aridez aprendemos, sabemos y custodiamos íntimamente la experiencia, la posibilidad de la muerte. Cada uno de los seres que habitan el desierto entiende su finitud ante la clara intuición de lo que niega la vida.
nnnnnY lo que posibilita también la vida, esa “excentricidad de la materia” acompañando a Cioran, es también la muerte, y sobre ambas florece el milagro. Es el desierto el telar para éste, para la espera de la lluvia, para el florecimiento no deseado, ni esperado, y por tanto más hermoso y certero: la flor de una cactácea es un latido profundo de lo sublime.
nnnnnQuisiera introducir un tercer mojón geográfico que sirva como acompañante o vigía, para delimitar con mayor certeza un área geográfica y metafórica: se trata de Real de Catorce, pueblo minero al Noroeste de San Luis Potosí, hasta hace poco enfantasmado y sin habitar, que ahora es repoblado por una oleada new age –digamos: una new order metafísica, vacía de dioses y en búsqueda de otros–que es atraída en enjambre por una de los frutos que únicamente posee este desierto: el lophophora williamsis, mejor conocido como peyote o hikuri, como lo conocen los huicholes.
nnnnnEl peyote y el hijo consentido del agave, el mezcal, ánimas embriagadoras del hombre, dones a su alcance, en el sentido profundo del don: es decir, en su simple darse, su sencillo estar ahí que no tiene un fin determinado, que no se encuentra para cumplir destinos de ningún Dios, o bien para ayudar al humanismo en su trayecto empecinado hacia el progreso; sí por el contrario, para brindar al hombre, a través de la embriaguez dionisiaca, una puerta de entrada a la comunión con lo Sagrado, es decir, con lo Otro de sí mismo, es decir, con su posibilidad de disolución en el Universo, con su Muerte.


nnnnnEs por ello que resulta de sumo interés el acercarse nuevamente a la obra poética de Manuel José Othón, el potosino, y descubrir que las referencias al desierto, a su entorno, son mucho menos que escasas dentro del corpus poético de su creación. Othón es, paradójicamente, un poeta que tiene una estrecha relación con la Naturaleza. Abundan en su obra los poemas que hacen referencia a ella y además, los poemas donde la naturaleza se convierte en el eje sobre el cual gira el discurso del poema. En su obra de madurez reunida en libro y publicada por él, Poemas Rústicos de 1902, encontramos una voz muy afilada y madura, de fino verso y amplio bagaje clasicista; pero además, se halla ahí el cantor más exaltado y profundo de la Naturaleza de todo el siglo XIX en el panorama mexicano. Poemas como: Psalmo del Fuego, el Himno de los Bosques, Canción del Otoño y La Noche Rústica de Walpurgis, nos revelan a un poeta que no es sólo un simple espectador de la Naturaleza, sino que la habita y la recorre, la vive: pero no la muere.
nnnnnLo diré con claridad: Manuel José Othón es un poeta de hálito metafísico. Esto no representa un jucio de valor en torno a su profundidad y calidad lírica, probada de antemano y recreada una y otra vez en su relectura; sí lo es, desde la dirección que estas palabras apuntan. Othón es un poeta que cree profunda y fervientemente en el Más allá. Para Othón, la muerte es sólo una transición, una fase borrosa del alma en su trayecto hacia su destino salvífico, con olor a agua bendita: el paraíso, el reino de los Cielos. Destino final que es negación de la esencia finita del hombre y de los entes que poseen vida. Othón canta a una naturaleza diferente a la existente en el desierto. Es la naturaleza de zonas más exhuberantes, cercanas a la metáfora del paraíso. Othón niega el desierto: ¿Quizá porque en él veía la lucha definitiva de la vida y la muerte, el reflejo idéntico de una sobre la otra, el paso definitivo de lo que erosiona, una nada activa?
nnnnnLa negación se hace clara en uno de los grandes poemas othonianos: “En el desierto. El idilio Salvaje” fechado en 1904. Este poema, dedicado a su amigo Alfonso Toro, refiere a la pasión generada por un amor fuera de las convenciones de la moral, en un yermo lugar no precisado, pero nominado llanamente como desierto. El poema lo escribió Othón en fervor a una mujer de estas tierras coahuilenses, con la cual sostuvo un idilio al margen de su matrimonio. Al no poder publicarlo sin suscitar sospechas, generó una dedicatoria para su amigo Alfonso Toro, y un primer soneto donde la explica.
nnnnnEn versos logradísimos, Othón celebra y expía, imanta al recuerdo y lo devuelve al naufragio. Es el canto de un amor de madurez, un bálsamo para sus carnes viejas: un amor que, prohibido, desaparece. Es un amor de la Muerte, es un amor del desierto:

¿Porqué a mi helada soledad viniste
cubierta con el último celaje
de un crepúsculo gris?...Mira el paisaje
árido y triste, inmensamente triste.
[i]

Ante la exhuberancia del amor, del cuerpo balsámico de esa mujer de tentación, se opone lo yermo, la lóbrega tristeza del desierto: así es como lo piensa (lo siente) Othón.

Silencio, lobreguez, pavor tremendos,
que viene sólo a interrumir apenas
el galope triunfal de los berrendos.
[...]
En la estepa maldita, bajo el peso
de sibilante grisa que asesina,
irgues tu talla escultural y fina
como un relieve en el confín impreso.
[ii]

La estepa es una maldición: una maldición en caso extremo, nos lleva a la muerte. Othón contrasta la imagen del desierto: ante ella, yergue la imagen de la mujer, de esa talla escultural y fina que se relieva, revelándose, en ese confín árido y maldito. El Idilio Salvaje es el canto de un amor que terminó. En el último soneto de los ocho, en el Envío, dos versos:

Do se alzaban los templos de mis diosas,
ya sólo queda el arenal inmenso.
[iii]

El arenal inmenso: finiquito de un amor pasional, donde irrumpe la erosión de lo que vive. El arenal, el desierto, es la ruina de los templos de las diosas, de los dioses. ¿Metáfora tan sólo de la ruina del amor? ¿Metáfora de un lugar que se parece más a un infierno condenatorio que a un salvífico cielo? Me atrevo a pensar que no. Que el desierto es mucho más, más que lo que teme y rehuye Othón[iv]. Como ya lo hemos dicho: el desierto no es un espacio ni una metáfora de la muerte, no queremos pensarlo así. El desierto es el espacio donde se trenzan ambas, vida y muerte, y sobre este tejido de afirmación acontece el milagro.
nnnnnDesierto: geografía por recorrer, metáfora que se entrega para estar siempre en refundación. Desierto palimpséstico, cuna y corola del milagro. Desierto: metáfora de los tiempos contemporáneos. Metáfora acuñada por Friedrich Nietzsche, nacido curiosamente entre los bosques y valles sajones, y desarrollada a través de la lectura del de Röcken por otro alemán, pero suabo, Martin Heidegger. Es la desertificación del mundo, es la expansión del desierto por la áridez creciente del ser humano y sus sociedades. En Nietzsche el desierto es el espacio que es propiciado por la irrupción del nihilismo en el ámbito del pensamiento, la erosión del pensamiento mismo y de la negación metafísica de la muerte, de nuestra característica de ser finitos. Lo yermo no viene propiamente de una falta de valores, si no más bien, de una petrificación y una sobresaturación de valores, que terminan por volverlos hueso de arena, arenal inmenso. El desierto es el espacio de las religiones fosilizadas, es el destino de las sociedades del progreso que ven al mundo como un objeto para ser explotado, es la cientifización de dios y la glorificación de la ciencia. Es esta noción metafórica y espritual, pero también geográfica: no podemos negar que Occidente está acabando con su mundo e incluso con la otra mitad del mundo. Bien, esta geografía natural y de pensamiento, debe afirmarse, recorrerse y ser cantada.

III

Nietzsche poeta, en sus Ditirambos de Dioniso, dice: Die Wüste wächst. El desierto crece. Para Martin Heidegger en ¿Qué significa pensar?, la desertización (die Verwüstung) es más peligrosa que la destrucción, pues esteriliza[v]. El desierto crece: metáfora del hombre de los tiempos que corren. Del hombre que rehúye al espíritu, que rehúye al habla como casa del pensamiento y como casa del Ser, es decir, del hombre que rehúye a preguntarse por su esencia, por lo que hay de sí en sí. Que rehúye por tanto, al pensamiento, a la poesía, y los niega como el único milagro, como el cactus floreciente en la aridez. Desierto no es aniquilación. Es espera y dificultad para sentir el milagro. Es conciencia de la muerte, y sobre esa lucha afirmación de las posibilidades de vivir. Pero es a pesar del desierto, y por él, que debe alzar el hombre sus trabajos y preguntas, y florecer desde la esencia de lo que lo hace hombre: el pensamiento, que más que tecné o ciencia o pura razón, se acerca a la revelación del Ser a través de la palabra: en los trabajos de la poesía, la espera y la recreación del milagro, el ejercicio de la lluvia desde su canto, el canto de una lluvia imposible que en su decir se hace posible.
nnnnnSeré concreto. El Hombre Moderno desertifica al desierto. El hombre que sólo cree en la razón, en la ciencia y en el progreso expande los desiertos, los arenales. En el otro lado, el poeta, ineludiblemente se ha vuelto un poeta, sino del desierto, al menos sí en el desierto. Él es el encargado de los florecimientos, el vigía de los milagros, el que entiende de la muerte y por lo tanto, afirma su vida, única y finita, sin más allás, desde el canto. No se trata aquí de poéticas, ni de parámetros ni reglas fijas sobre las cuales crear una poesía del desierto. Poética imana a concepto. Concepto imana a Ciencia. Ciencia a Progreso y volvemos a lo más yermo. La poesía del desierto alegra y refresca, nos lleva hacia el acontecer desde su escurrimiento verbal, cristalino, silencioso, y por supuesto, desde su claro florecimiento que es temporal. Que es el instante donde se celebran el mundo y el hombre cuando se piensa.
nnnnnEl desierto de Zacatecas a San Luis Potosí y la poesía que en él se alza. Poesía del desierto y en la aridez de la escasa lectura, en la aridez del poco diálogo con el main stream de las editoriales y los dictados poéticos del centro del país. Poesía a contracorriente, para variar y desvirgar a las costumbres. Manuel José Othón, negó constantemente al desierto y su posibilidad como naturaleza y metáfora y certeza de una muerte permanente; no obstante, este caminante y bucólico nos entregó algunos de los más altos registros de la poesía mexicana, abrió su verso como un milagro, lo hizo florecer, sin darse cuenta, como una flor del peyote en el desierto. En la actualidad altos registros, poesía que se abre entre los cactos y los ardientes rayos del sol, como en la obra de Javier Acosta, Jeanne Karen, Juan José Macías o Laura Elena González, de quien cito estos versos:

Una flor en el desierto.

Posa sus labios en la arena con la costumbre del dolor.

Agua del desierto protege a la flor brevísima.

En el velado roce de un aleteo sin fronteras
los sentidos reverberan,
y oscilantes paraísos condenan la mirada.

La flor aguarda la mañana primigenia de mis ojos.[vi]

Desierto, hogar de nuestras palabras, nuestras vidas brevísimas en la reverberancia de su sensibilia. Hueco de nuestros dioses y nuestros múltiples rostros. Hogar de esta flor donde nuestras mañanas, nuestras preguntas, aguardan.


[i] Othón, Manuel José, Poesías Completas, Comité “San Luis 400”-Ed. Jus, San Luis Potosí, 1992, p. 422
[ii] Ibid, p. 423
[iii] Ibid, p. 423
[iv] Quisiera mencionar aquí, someramente, un poema extraño dentro de toda la obra othoniana, el poema “La Nada”. En este poema, no coleccionado en vida del poeta dentro de libro alguno, Othón otea, como un último vigía en el acantilado de la seguridad metafísica, el océano embravecido del Caos, de la muerte y de la imposibilidad de un mundo posterior a éste. Othón, intuye y devela la Nada, la Nada activa que atraviesa a los entes, los erosiona y los lleva, a través de la Muerte, al estado original, el Caos primigenio, la Nada. Pero este texto es digno de una reflexión aparte.

[v] Cfr. Heidegger, Martin, Was heisst Denken?, Max Niemeyer Verlag, Tübingen, 1954, en formato electrónico.en especial los apartados III, V, VI de su primera parte. En español.
[vi] González, Laura E., Una flor en el desierto.. Publicado en la revista Funes, no. 3, U.A.Z., Zacatecas, 2005, p. 42

miércoles, diciembre 24, 2008

CANCIÓN DE NAVIDAD

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El mercado navideño en Stuttgart y Schiller al medio, hecho piedra del frío.
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CANCIÓN DE NAVIDAD


La casa de mis padres tiene nochebuenas que adornan la escalera.
Hay cervezas Nochebuena en la esquina del librero,
sobre el cual reposa un radio. El locutor abruma,
bebe el pronóstico del tiempo como cicuta del tiempo.
Hay cuatro televisores, tres personas,
un vacío del tamaño del ladrido de un perro,
del ventanal donde la muerte asoma algunas mañanas
para decir: te quiero en la invisibilidad,
hagamos cuentas: la summa mínima de todos tus latidos,
guiñapos que desprendieron del corazón
en anteriores navidades,
donde el único regalo posible
fue la envoltura de la noche a los pies de la mañana,
sin sol,
pero con niños que pasean las bicicletas nuevas,
muñecas tentando ya a las niñas de seis años,
y la amenaza de explosión de la gasolinera de la esquina,
fue más un rumor de sobremesa
que una probabilidad a punto de erupción.

En la casa de mis padres hay cactos,
y uno puede darse un blunt en la terraza trasera.

Regresa la Nochebuena al manantial del alba,igual que cualquier otra.
n
(Este poema pertenece al libro De Maitines a Vísperas, 2008)


jueves, diciembre 18, 2008

Lo que no he dicho es lo que hierve

El año se va. Dos semanas restan y empezamos a cambiar cabañuelas por monedas de azar. Aún adeudo el largo ensayo que hice sobre Othón, el que prometo subir para estos días, antes de que acabe el año 150 desde que vino al desierto. Aún nos falta mucho Othón afuera del Idilio Salvaje, de la Noche Rústica. ¿Quiénes serán los guapos? Entre tanto y tanto, dejo este poema como una treta para no descorchar el solsticio.




Geiser alegre en Yellowstone.



ERA UN CARMESÍ EN OFERTA



i

Escucho el flujo del laúd contra el batir de las hojas. Charco, oído: vibra el crujir del pan en la saliva, juego de serpientes en brama. Oigo un resorte de lava de rebotar en su corriente: medida inconclusa de lo eterno, un simple caminar de una palabra que no llega, ni a la punta, ni al cielo: hipo.


ii

Vine a saborear un haz de sol y me caí. La tarde estaba a pico de mar, novedad que me cruzó la lengua, la moví a tiro de biela y más adentro. Palpo y gusto el pedipalpo de la araña del rincón: me muevo hasta su tela, cruzo una región improbable de certezas y vuelvo al día: el haz, la cerveza, una forma de cortejo el condimento, el mosto: hidra crece al paladar.


iii
Todo lo que miro es lo que mira el cielo cuando azula. Cuanto muere es un puñado de arroz que agita el viento. Cuanto vive es el viento saboreando al arroz, oyéndolo contar sus horas flacas. En el terreno pedregoso de la imagen tiro una pizca de agua que provoca el espejismo. Sereno, hombres tomando su maleta para el viaje, una palabra que no llega a la estación. Lo que fermenta y pudre miro, el resto se lo dejo al sueño.

iv

Y queda por destilar otro molino, la residual sensibilia corresponde a la memoria: lo que toco es un registro en braille del deseo, agujero negro y ave en extinción. Afuera está el humo y lo atravieso, vuelvo al tocar de la mirada, al roce inclinado de la lengua, las caricias prolongadas en el tímpano. Martillo para quebrar la nuez de un dios. Un cuerpo de mujer rompe las vías del tren. Se agita y vuelve geiser. Lo que no he dicho es lo que hierve.

viernes, diciembre 12, 2008

La traducción de las sombras

Bueno, no requiere más explicación este poema. Hace frío en Zacatecas. El adoquín suelta vapor en la mañana, La Bufa ya está hecha una palabra de oro. El verdor a esperar, hasta el primer aviso del final de los hielos. Lo bueno es que el mundo nos impone los ciclos para celebrar. Lo único por reinventar es el nombre de los dioses. Salud.



OCTAVIO PAZ TRADUCIDO POR OCTAVIO PAZ

Un eco solo. Reflejo en estampida,
abre el aquelarre entre la carne y voz.

La ceniza de la fiesta es el coto de caza,
se busca un guiño igual para atar en palabra:
mas todo es movimiento, filo sin mella,
rayo imposible de fijar.

Desde la húmeda oquedad de los primeros:
(el hombre enfermo del aliento del ave,
rostro de ave,
caligrafía,
Galimatías,
del mareo que brota de la víscera bisonte)
Lascaux,
las cosas nacen para hincharse de la muerte,
la letra es resina testigo del proceso.

Ésa es la raíz de la palabra: el cuerpo,
la tensión ceñida del laúd que nos devana,
muslo y gesto,
musgo y signo:
humus de hombre al invocar homofonía.

La voz apareada con la voz:
traer el canto primero, por el camino boscoso,
de la ciudad a las naves,
de la quilla al pulmón de la tormenta,
a la única guerra que debe celebrarse:
la del fuego enfrentando su reflejo incombustible.

Quien traduce amamanta mil fantasmas.