sábado, julio 01, 2006

Entre sierpes y lagartos, David Ojeda en La Centena

La tradición poética de San Luis Potosí, al igual que las de otras regiones de nuestro país –provincianas, de acuerdo al término peyorativo y decimonónico acostumbrado por los habitantes de la capital– puede juzgarse al vuelo como un corpus poético estrecho, sin muchos puntos de ruptura y que tiene aún como pivote referencial a nivel país, a Manuel José Othón. Esta visión anquilosada, nos permite suponer al respecto una apatía de los creadores y críticos de la literatura mexicana, a los que –salvo algunos pocos– interesa poco la literatura del interior; no hay una verdadera intención de construir un diálogo con las poéticas de otras regiones y puntos de la república.

Si bien es cierto que la columna vertebral que sostiene a la poesía potosina, está compuesta por autores de un lirismo que podríamos llamar ortodoxo y que en algunas ocasiones –sobre todo en casos determinados– puede sonar anacrónico al compararlo con otros tonos y registros de la poesía en español, también encontramos cenits, desgajamientos verbales de pronunciada velocidad y reflexión, horquillas y atajos abiertos en su camino aparentemente unidireccional. La evolución literaria de una región sólo puede juzgarse a partir de un profundo estudio y una pasión por la investigación histórica: una lectura amplia de los sucesos que rodearon a la obra literaria y viceversa, las obras que rodearon a los acontecimientos históricos y les dejaron su impronta.
David Ojeda nos ofrece en Entre Sierpes y Lagartos (CONACULTA – ESN, 2006) nuevas consideraciones acerca de las letras locales.

Narrador –quizá el más importante de San Luis Potosí en la segunda mitad del siglo XX –, además de su obra creativa, es traductor y un apasionado de la historia literaria de la región; en este papel ha preparado y publicado un trabajo indispensable para la literatura local: 400 años de literatura potosina, entre otros estudios al respecto.

En un conjunto apretado de 5 ensayos enraizados entre sí – que pueden engarzarse también como uno solo– Ojeda nos conduce por callejones verbales y los personajes que los recorren, delimitados temporalmente entre el último cuarto del siglo XIX y finales del siglo XX. El punto de partida para esto, es la dicotomía geográfica del estado: la Huasteca y el Altiplano. La primera, exuberante y plena de recursos naturales –bosque tropical, cauces fluviales, clima húmedo y caluroso, tierras fértiles y apta para la ganadería –, pero alejada del centro político del estado, con el que se mantiene en constante confrontación y, por su misma condición geográfica, apta para la explotación de los grupos vulnerables, incluyendo grupos indígenas. La zona altiplano es seca, semidesértica, y hasta hace un par de siglos tuvo como principal soporte la minería, y es el asentamiento de la capital política del estado. Una geografía impone y condiciona el carácter y los rasgos culturales de los grupos que la habitan; luego la expresión literaria es también influenciada.

El segundo frente de análisis tiene como eje las marcas profundas que ha dejado el conservadurismo, sus resquicios de oscuridad, doble moral y violencia y su relación con el poder político en el estado; su convivencia con ese régimen duro, de discurso laico, revolucionario y popular pero que, en la práctica, devino en consolidación de cacicazgos y desigualdad social, principalmente en zonas tan alejadas del supuesto federalismo, como la Huasteca.

Así, entre sierpes (altiplanenses) y lagartos (huastecos), entre conservadores y oficialistas, se teje un humus rico, que ha servido como fertilizante para la literatura potosina. David Ojeda contrapuntea con mayor o menor detenimiento en cada caso, la obra de diversos autores, que son, sin duda, figuras notabilísimas en la tradición literaria potosina: Ignacio Montes de Oca –obispo de la ciudad de San Luis a principios de siglo– a quien contrasta con Marcelino Sánchez, cantor popular de la Huasteca; Joaquín Antonio Peñalosa –que también fue presbítero y dejó una obra poética de suma consideración–, y el que es el poeta más importante del siglo XX en esta región: Félix Dauajare. Obras que han sido poco estudiadas, y cuyo valor es mucho mayor que aquél que les ha otorgado el discurso dominante, centralista, historiador de la literatura mexicana.

Se incluye aquí también un repaso breve por la narrativa potosina – cuestión incompleta si se considera que el autor mismo no aparece dentro del análisis – para al final mostrarnos a dos personajes que son antípodas de la sociedad potosina: Gonzalo N. Santos, gobernador y cacique del estado, de origen huasteco, famoso por sus correrías y, como el autor le define, un cínico en toda la extensión de la palabra; autor de unas memorias –cuyo valor literario puede cuestionarse, más no el histórico– que reflejan el carácter de este personaje. Y opuesta a él, Concepción Cabrera, muy conocida por sus actos de caridad, su labor dentro de la estructura católica, y su profunda devoción –que en algunos momentos, como diría Ojeda, raya en la locura–, cuya canonización es promovida por ciertos grupos conservadores. Ambos conforman un cerco conceptual, moral e histórico perfectamente definido.

Entre Sierpes y Lagartos, topografía literaria de San Luis Potosí, nos otorga acceso a nuevas perspectivas para entender nuestra tradición. Aquí se obtienen piezas de este rompecabezas que es la literatura local, tamiz a través del cual se reinterpreta siempre,–la mediación del artista local, de acuerdo a Ojeda –la literatura universal. En el caso de la obra escrita potosina, no será posible tener un perfil de mayor nitidez, si no se atiende el trabajo de los creadores huastecos– podemos citar a Homero Acosta, Enrique Márquez y Alberto Enríquez, como autores que merecerían estudios más detallados–; y hasta que la obra de gente como Dauajare o Peñalosa sean valoradas e incluidas con justeza en el cauce histórico de las letras mexicanas. Ocurra lo anterior o no, dentro de ése péndulo verbal potosino, altiplanense y huasteco, placenta exuberante y desértica a la vez, de glosa amplia y corazón abstracto, siempre se mezclarán alientos que devengan nueva palabra.

miércoles, junio 21, 2006

Un viaje de poesía

En el U-Bahn de Stuttgart –Untergrundbahn o tren subterráneo– sobre las paredes de cada vagón, hay poemas. Algún alemán cara pálida tuvo esta genial idea, luego en cada viaje puede uno recetarse breves textos de poetas alemanes y extranjeros traducidos. Algunas veces saqué mi libreta y copié los poemas, en la ruta desde la Hauptbahnhof –estación principal de tren– hasta mi parada. Yo no vi a nadie, aparte de mí, que los leyera, uno nunca sabe cuando un alemán observa algo. Para incluirse en la euforia mundialista, el U-Bahn de Stuttgart (no intentaremos gentilicios) se ha tapizado con poemas futbolísticos. Kati, sabedora de mi adicción por los breves textos, copió el siguiente de Günter Grass y me lo envió.



Estadio nocturno

Lento surgió el fútbol desde el cielo.
Entonces pudo verse, que la tribuna estaba llena.
Solitario el poeta, se colocó en la portería,
pero el árbitro silbó: Fuera de lugar.

Günter Grass



Nächtliches Stadion
Langsam ging der Fussball am Himmel auf.
Nun sah man, dass die Tribüne besetzt war.
Einsam stand der Dichter im Tor,
doch der Schiedsrichter pfiff: Abseits.

viernes, junio 09, 2006

Vi tu foto en una página en la red.
Se habla de letras, autores, fechas.
No de
venenos tan simples como el
carbón de tus ojos.

Momento: ese mineral
tiene profundidad de carretera
desértica, de fonógrafo
varado en la cadera de la noche

Tiempo: es un carbón
que no requiere fuelle para consumirse,
ardiente per se,
escalera en caracol que
esta palabra sube y al final se incendia.

martes, mayo 30, 2006

Melvina y las Cartas para Miguel

El jueves pasado se inauguró en la sala Germán Gedovius del Teatro de la Paz, aquí en San Luis, la exposición de pintura de Melvina Orozco, Cartas para Miguel, con la que Melvina se coloca como una de las artistas jóvenes más interesantes para los próximos años. Transcribo aquí mi texto que se incluye en la exposición. Estas imágenes de su obra las presento sin permiso de la autora –a la que habré de convencer que me perdone chelas de por medio.

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El hueco producido por alguien que ya no está, es resanado a partir del recuerdo: fase del ausente que poco a poco se desgasta, perdida en los meandros del fluir de la memoria, y torna en una dura formación de sal, icono petrificado y solemne, con el que se rompe finalmente cualquier vaso comunicante.
Para reavivar el vínculo con la recordación, es necesario algo que rompa la inercia de piedra y nos permita purificarnos del veneno del tiempo, de la sombra con que esa ausencia cubre la luz de nuestro día.

Así, Cartas para Miguel de Melvina Orozco es un acto de fuerza pictórica: creación de un espacio marginal, geografía a la que nos imanta un hombre varado en el pasado y hacia donde concurre la artista desligada de cualquier presente. Lounge atemporal para contemplarse en silencio o para alcoholizarse en un grito, andar desnudo sobre una sonrisa o fundir el filamento de la tristeza; para encontrar la ternura en los ojos de una niña que también es hermana y ángel nocturno. No hay forma de no ser sincero aquí: se trata de un ajuste de cuentas. Los objetos anquilosados que conformaban la evocación –epístolas, besos, fotografías, palabras musitadas en días olvidados–, se energizan con la imagen del presente, con la pronunciación de un nuevo “aquí me soy” del que remite, para fundar frescos nudos en la memoria.

Misivas visuales, donde la figura se impone como elemento principal, comunicación corporal, lenguaje de silencio y músculo, que en su potencia da más que la palabra; ahí el color, armónico o en fugas disonantes, es la curva senoidal de la memoria y del amor; la textura nos confronta, no se diluye en un parpadeo si no que permanece en el ojo, espesa, disgregante, como el amanecer de domingo o un deseo perverso en esa misma mañana. Cada cuadro, una nueva misiva llena de experiencia pasada o de buenas y ansias nuevas, entronque del instante y la forma que permanece en el espectador.

Es Cartas para Miguel un proceso catártico, pacto de amor que es saldado con eficacia plástica por Melvina Orozco, sin caducidad ni matasellos postal.

domingo, mayo 21, 2006

Consolaciones de luz, de Laura Elena González


Lo sé: la visión es quimérica.Pero mis ojos quieren ver esa invención de los dioses.
SU DONG PO "Su Shi"(China, 1036-1086)

Es la mirada una celebración de la luz El ojo atento se abre y captura retazos de vida, ráfaga de lo existente, va más allá de lo músculo que tiene para convertirse en sacerdote del color y el movimiento; es a la par de herramienta sensible, llave para abrir el cerrojo de la vida. Luego el mundo se muestra como un enredado conjunto de circunstancias, imágenes, actos, que se labran y entrehilan alrededor de nosotros – hombres: seres instintivos, abismales, y en momentos contados de la Historia, pensantes y lúcidos.

Sólo el ciego sabe
cuán redundante es la oscuridad del que mira

La relación luz – ojo, es entonces rito: percepción y transformación.

A través de la lectura de Consolaciones de luz (Ediciones Sin Nombre / Ediciones Nod, 2005) de Laura Elena González, presenciamos ese desdoblamiento, pero no sólo en el ojo, sino también en el instrumento de percepción tan especial que es la poesía. La voz, el ejercicio pleno de la palabra, como elemento “alumbrador”: acción que suministra luz a los hechos que nos impone el mundo en forma de intrincados laberintos, rincones, human beings, hoyos negros. Una vez hecha la luz, la voz actúa como elemento “transformador”: es el poeta, entonces, el prisma necesario para convertir el hecho en letras, juicio y música, juego y pensamiento. La consolación entonces llega, en la difracción del hecho inasequible, inalterable, en poema. Así, en ese ciclo vivificador, en donde a golpe de fotón cumple esta función dual la palabra, en ese nicho se construyen los poemas de Laura Elena González, poeta potosina, que, con el paso del tiempo, define de manera nítida su espacio entre las voces contemporáneas mexicanas.

A través de su obra, y de manera enfática en este libro, Laura Elena se distingue por el control, la búsqueda del dominio de los recursos poéticos, para atravesar el cauce musical de la poesía y situarse en los remansos de la reflexión. La imagen –poética— que se difracta, que ilumina, que a base de inteligencia se abre un paso en nuestra memoria. El verso es libre, desplegando un muestrario amplio de cadencias. Salvo en contadas ocasiones, donde la poeta experimenta con las posibilidades sonoras y rítmicas, es la idea el pivote a partir del cual se construye cada línea, priorizado esto antes que el sentido rítmico –sin que éste se pierda–, apostando siempre por la imagen fuerte, precisa. Si existe la categoría de poesía femenina, siendo utilizada ésta para determinar de manera despectiva, cierto tono recurrente –sensiblero, conmovido, de versos suaves y sin uñas–en la poesía de mujeres, podemos afirmar que la poesía de Laura Elena González libra tajantemente este adjetivo; por otro lado, en algunos momentos podría acusársele –fallidamente– de ser hermética, pues esta poesía exige una lectura atenta, que se vuelva en determinados momentos a las referencias culturales incluidas en cada texto.

Lo poetizado en este poemario tiene orígenes diversos: una casa abandonada, fotografía indeleble y nostálgica, Dios, la guerra, la vorágine mediática, un trozo de carne yaciente en el rastro, Polifemo, el enfrentamiento del poeta y el lenguaje o Rembrandt; todo a través de una mirada lúcida, serena y apasionada al mismo tiempo, un ojo que busca justificar su razón de ser, que desarrolla al máximo esa posibilidad de liarse con la luz, filtrarla al corazón y resucitar cada imagen que nos rodea, para incorporarla, rediviva, a la experiencia vital. Del poema Un corazón de luz los siguientes fragmentos:

mi cuerpo
vuelto luz y oscuridad
en los lienzos que los obligo a mirar
desde esta apartada tolerancia

Mi nombre es
Rembrandt Harmenszoon van Rijn
Soy pintor y en mi taller se trabaja
-------------------------------------------
Nunca partí y si lo hice alguna vez
siempre regresé a mi fuente mi corazón
/ de luz

En las secciones Luminiscencias (El Dragón Blanco) y El mirar oculto es notoria la influencia y la lectura de poetas orientales – rasgo explícito a manera de homenaje en ciertos poemas –, así como también puede rastrearse en otros tantos como economía de lenguaje, es decir, la búsqueda de una imagen sintetizadora, sincrética del todo que constituye cada texto. Hablaríamos aquí, de poemas espirituales, esenciales si resultan válidos estos términos, en contraste con poemas musculares, de amplia consistencia rítmica y estrofas a granel. A punto de vista personal, las secciones más rotundas en el poemario.

En la pradera de su voz el otoño se ocultó
bajo una página de nieve
Y los rasgos de su generosa caligrafía extendieron
/ las alas
del cisne que aún vemos emigrar de norte a sur

En las secciones Prismas y Estridencia Lunar, se aprecia una búsqueda sonora basada en el juego de palabras, cacofonías, disonancias que aún así, van más allá de un mero ejercicio lúdico y generalmente tienen un propósito, que es el de mostrarnos el hueso desnudo de una idea: la relación pasional del poeta con el idioma, su idioma. Es nuestro tiempo observado aquí de una manera crítica, con énfasis dos hechos dominantes en el panorama contemporáneo: la guerra y los mass media. Del texto Imagen reclinada

Su mano sostiene una flor
una carta
una granada
y maldice
bendice
al amante soldado
al país enemigo

adioslasuerte
adiós la suerte
¡Ah, Dios! La suerte

Al ver, se crea, al ver, se transforma. Abrir el ojo y conmovernos y movernos ante el mundo. La lectura de Consolaciones de Luz nos deja el convencimiento de algo: la mirada, el acto más cotidiano del hombre, el que inaugura su día consciente y lo clausura, no deja de ser un acto quimérico, de pasión por la luz, de amor e inteligencia.

viernes, mayo 19, 2006

Para un viernes con las nueve de la mañana degolladas


El poema de oficina sigue
las cotas de la imposibilidad,
terreno baldío nublado poco
a poco con fragmentos de sueño
y prohibiciones de reír. Acuden
playas, mantarrayas, noches de
whisky o desembocaduras de mar
en la piel.

Contraataca el reloj, en ancas
oferta la bifurcación del día:
tomar de dios el camino
o herbazales
de otredad aromizados.

viernes, abril 07, 2006

Heiz Czechowski

Incluyo aquí una traducción de Heinz Czechowski, poeta alemán nacido en Dresde en 1935, del que he leído breves líneas. Poética que acusa cierta desolación y falta de esperanza vital, que algunos detectan como rasgo importante del carácter general de la Europa contemporánea. Al igual que Durs Grünbein, poetas que proceden de la antigua DDR y ahora tienen que incluirse en el rostro globalizado de la nueva Alemania, con todas las inercias vivenciales que se arrastran desde un pasado tan fresco, que decantan de una u otra manera en sus versos. Las traducciones hechas son de poemas encontrados en Internet.

Damals zuletzt

Überall liegen Zettel herum, Notizen, Adressen, flüchtig
aufgeschrieben.
Der Tag ist blind. Wer oder was
wird kommen? Ich
habe es noch nicht aufgegeben,
Bilanzen zu ziehen, doch für die Gegenwart
habe ich keine Definition. Hin und her überlegend,
such ich nach einer Linie,
um meine Biographie zu entwerfen.
Mich verläßt nicht die Angst,
daß ich mich vertan haben könnte.
Wahllos
greif ich nach einem der Zettel. Drei sechs acht acht
fünf –
das war einmal
meine eigene Telefonnummer, aber das Haus,
in dem ich damals wohnte,
gibt es nicht mehr. Also
geb ich es auf, nach meiner verlorenen
Identität zu suchen, es reicht ja,
hier zu sein und zu wissen,
daß man noch hier ist ...

1992

En aquel tiempo finalmente

Por todas partes yacen notas, avisos, direcciones al vuelo anotadas.
El día es ciego. ¿Quién o qué
vendrá? No he terminado aúnde hacer balance, incluso para el
presente no tengo definición. Aquí y allá meditado,
busco una línea
para trazar mi biografía.
No me abandona el miedo
de que pude haberme equivocado.
Confuso,
tomo una de las notas. Tres seis ocho ocho
cinco
Ése fue mi
número telefónico alguna vez,
pero la casa
donde viví en aquel tiempo,
no existe más. Dejo entonces
de buscar mi identidad perdida,
basta
con estar y saber que aún aquí
soy...

1992

Das Jahrhundert der Wölfe

Die Woche geht zu Ende, wie sie begonnen hat:
Alles ist, wie es gewesen war
Ich trank, und wurde betrunken.
Ich aß, wurde satt und deckte mein Bett auf. Im übrigen
Dachte ich an die Vergangenheit, sah mich, wieder einmal.
Den alten Weg von der Burgsdorff- zur Böttgerstraße gehen,
Um in der kleinen Kneipe ein Bier und einen Korn zu trinken.
Offensichtlich war es damals ein Wintertag so wie heute,
Wo sich Westfalen als die Bastion des Winters in Deutschland geriert.
Aber auch auf dem Feldberg liegt Schnee.
Meine Liebste liegt mit ihrem Kater
In Bergen-Enkheim zu Bett. Ich selbst bin nicht gut zu mir,
Fand aber zwischen der Wäsche ein uraltes Hemd,
Das ich mir einmal irgendwo in Old England
Bei Mark & Spencer gekauft. Auch die englische Pfeife,
Im Shakespearestädtchen Stratford erworben, gibt es noch, ferner
Befindet sich auch noch ein römischer Stein aus Bath
Auf meinem Schreibtisch.
Nur der Schreibtisch verweigert
Mir heute beharrlich den Dienst: auf ihm liegt das Bild
Der Gescheiterten Hoffnung.
Während ich auf dem Bett
In den Memoiren Nadeschda Mandelstams lese, denke ich,
Dem es schlecht geht, wie relativ doch das Leben
Mit uns, den Dichtern, verfährt im Jahrhundert der Wölfe,
Das nun zu Ende geht, um dem neuen Jahrtausend
Platz zu machen und damit auch der gescheiterten Hoffnung
Auf eine Zukunft für mich.
Nein, es lohnte sich nicht,
Heute die Rolläden hochzuziehen, denn es dunkelt schon wieder, noch
Werden die Tage kürzer, in der Abwesenheit des Glücks
Starr ich auf meinen Bildschirm, wo sich die Wörter versammeln
Zu etwas, das keine Botschaft mehr ist. Wohin
Soll ich noch gehen, außer ins Dunkel?
Depressionen, Verstimmungen undDie immer wieder heraufbeschworene Unmöglichkeit,
Irgendwo noch einmal ankommen zu können ...


El siglo de los lobos

La semana toca fin, como empezó:
Todo está como había estado.
Bebí y me emborraché.
Comí, estuve lleno y destendí mi cama. Por cierto,
Pensé en el pasado, me vi de nuevo
andar el viejo camino que va de Burgsdorff a Böttgerstrasse
para beber en la pequeña tasca una cerveza y comer grano.
Obviamente era un día de invierno como hoy,
Donde Westfalia se proclama como el bastión del invierno en Alemania.
Pero también sobre los cerros yacía nieve.
Mi amada yacía en la cama con resaca
En Bergen-Enkheim. Yo mismo no me siento bien,
Pero encontré entre la ropa una vieja camisa,
Que una vez en cualquier parte de Old England me compré en
Mark & Spencer. También la pipa inglesa,
adquirida en el pueblo Stratford de Shakespeare, y hay
también una piedra romana de Bath so mi escritorio.
Sólo el escritorio se rehúsa
a darme un servicio atento: sobre él se encuentra
la foto de la Esperanza fracasada.
Mientras leo sobre la cama las Memorias
de Nadescha Mandelstam, pienso,
al que le va mal, qué relativa es la vida
con nosotros, los poetas, perdidos en el siglo de los lobos,
que nunca toca fin, para darle lugar al milenio entrante
y, con eso, también la Esperanza fracasada
y un futuro para mí.
No, no vale la pena por hoy
subir las persianas, pues ha oscurecido nueva cuenta,
otra vez los días son más cortos, y en ausencia de la Suerte
contemplo mi pantalla, donde las palabras se juntan
en torno a algo, que ya no es más un mensaje. ¿Hacia
dónde debo ir aún, afuera a la oscuridad?
Depresiones, molestias y
la eternamente invocada imposibilidad,
de poder llegar nuevamente a donde sea.

martes, marzo 14, 2006

Heimkehr

De vuelta al Cactus

Por fin retomo el quehacer en este blog, que estaba varado en algún hueco ratonil de la memoria, que ahora, producto de una limpieza pre-primaveral, ha vuelto a mi conciencia y a la lista de placeres-obligados. Regresan las palabras a este espacio, no tan frescas, más bien cernidas en el tamiz de lecturas cioranescas y quevedianas, que le dejan a uno la planta del pie y la quijada maltrechas.

Pero el humor, ¡oh! el presentimiento primaveral, y ese viento de marzo que, como buril nos afila el rostro y nos vuelve el temple a la sangre. Los primeros vapores de la mañana ya no causan una punzada al interior de la columna vertebral, más bien revitalizan el cuerpo a su paso por las fosas nasales.

Bien, a mediados de este marzo de este 2006, se reabre este frente verbal contra el mutismo del desierto. Traigan sus borreguitos gramaticales a pastar la poca yerba que crece, por ahora, en él.
¡Si quieren traigan peyote y reforestemos algún sueño!

domingo, septiembre 05, 2004

Para despedir a la Feria

Hemos festejado a San huichito rey, dejado nuestra poca moneda en la entrada de la Feria, y otros tantos centavos en consumir. Ahora bien, sólo nos quedará otro año en la incertidumbre sin saber a dónde va toda esa derrama...

EL BLUES DEL PATRONO (San Luisito Rey)

Quisiera decir algo bonito de la feria
por ejemplo niña rehilete
acordeón que se deforma al amparo de un sombrero
o platos a veinte a la una platos a veinte a las dos
o lento masticar de un algodón de azúcar
pero este mareo que me sostiene la espalda
y atraviesa mi ojo y mi tobillo
-sólo el izquierdo-
sopor más incompleto que la noche
con sus incisivos afilados
que caen sobre cualquier carrusel
en formas breves como olor a borrego
o dolor de cabeza
La música cinco nudillos que me atacan los oídos
en esas risotadas del wey que me ha pasado por encima
(pausa y otra vez el merolico)
y la noche - con su forma de esfera y sudores
y estómagos volteados -
me recuerda que el suelo
no es tan duro
no sabe tan mal en esta almohada de vodka

DeSazón o el condimento de la vida



“ …quizá porque el Teatro le abre ventanas al hombre,
lo transforma en lo más íntimo
y le da una lucecita de esperanza.”


Victor Hugo Rascón Banda


La puerta de acceso al Noroeste de Chihuahua es Cd. Cuahutémoc. Se respira un olor a manzana y el frío desviste los huesos en invierno. Una ciudad tranquila, típica del norte mexicano; salvo por una coincidencia: confluyen ahí tres culturas, tres pieles distintas, ojos que buscan en el aire sus propios sabores del mundo.
Los Rarámuris –tarahumaras- bajan de la Sierra por necesidad, sustentados en su dignidad, luchando por mantener sus costumbres aunque el mundo les dé la espalda. Puede verse a sus mujeres en las calles de Cuahutémoc, con sus largas faldas floreadas y sus hijos en brazos, atisbando en los rincones la esperanza, la moneda. Viven del maíz, fruto de la sierra; beben Teshuino, fermento de ese grano y su bebida sagrada.
En los alrededores de la ciudad se encuentran los Campos: comunidades donde los menonitas crean su mundo. Agricultores por naturaleza, descendientes de alemanes y holandeses. En sus comunidades herméticas a personas distintas trabajan, se superan, viven sin renunciar a las costumbres traídas de Europa. Hacen jamón ahumado y un queso delicioso.
Dos colores distintos, tierra y leche. Menonitas. Rarámuris. En medio de ambos, como eje de esta dicotomía, se encuentran los mestizos, el mexicano que vive en la ciudad y que trenza su existencia entre los otros dos. Todos giran en una danza caótica; comparten la ciudad, pero no las costumbres; comparten el tiempo, pero no la vida. Un caso para la antropología. También para el teatro.

Y en esas coordenadas, Víctor Hugo Rascón Banda (1948), escritor y dramaturgo de primera línea. El originario de Urúachic, Chihuahua aquí se ubica, de Cuahutémoc parte para realizar un homenaje a las mujeres de esa tierra, para encontrarse con su esencia. Es DeSazón una obra que nos abre las puertas a una trilogía con sus respectivos sabores. Una menonita, una maestra rural y una tarahumara por adopción. Todas construyen el entorno con sudor, dolores y sonrisas, buscan en el hombre su ecuación y su respuesta, escarban en la vida y se sostienen ahí donde el desazón les deja un hueco.
El director José Caballero, apoyado por tres excelentes actrices (Julieta Egurrola, Angelina Peláez y Luisa Hue) construye un puente con sabores que nos lleva a Chihuahua y a su gente, nos guía en los arrecifes de la emoción sobre los barcos-monólogos de cada una. La maestra rural y sus hijos, abandonada por el narcotraficante. La menonita dejada por el hombre que emigra a los Estados Unidos. La exguerrillera comunista disfrazada de rarámuri para supervivencia. Despacio, con el video que avanza a sus espaldas sobre los rieles del tiempo, nos hablan, comparten sus recetas de comida y nos abrazan desde las grutas de su voz.
Gracias a México en escena pudimos apreciar el DeSazón aquí en San Luis. Así, sin rozarse las historias, apenas intuyéndose, vibraciones superpuestas en una misma geografía, de la misma forma que en Cd. Cuahutémoc: al final paladeamos la soledad, el condimento de la vida que huele a mujer y que es uno solo.